Escapa el sol y, en su correr constante,
duerme el silencio. Cansado el caminante,
elige un árbol perdido entre la hierba
y espera largo tiempo, medita, se serena…
Caen gotas venidas tan de lejos,
perdidas en un mundo relleno de reflejos.
Me alumbra frágil brillo nacido sabiamente…
La sombra me cobija en medio del poniente.
Penumbra temerosa que surge de la nada
recubre los espacios: colina, mar, montaña…
el loco caminante recuerda sus fracasos
mientras recorre el tiempo, perdido en su descanso.
El agua, que se siembra en cristales de ventanas,
sin miedo borronea palabras enjauladas
en un dibujo tenue, carente del espacio
que supo tener antes, muy antes del ocaso.
La línea (que era recta) tan sólo es una curva
vencida por el miedo (el odio la perturba).
Quién sabe por qué el viento logró encorvar el árbol
si parecía fuerte, tan fuerte como el mármol.
El verde de la hierba se moja y se deprime,
la lluvia la acaricia en celeste que comprime.
El sol ya no parece el mismo que fue antes,
y en este largo ocaso, ha muerto el caminante.
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Autor:
Marcela Passo (
Online) - Publicado: 29 de agosto de 2026 a las 10:44
- Comentario del autor sobre el poema: De mi libro "Vuelta atrás, hacia adelante". Derechos reservados.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3

Online)
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