En un anochecer constante
me encontraba yo,
pues la luz
a mis ojos no llegaba.
Miraba hacia la oscuridad,
buscando ese rayo de luz
que suele aparecer
cuando la esperanza
parece caducar.
Pero por más que buscaba,
ese rayo de luz
no alumbraba.
Como un picaflor,
me dediqué a ir de flor en flor,
pero nunca en su polen
encontré el sabor
que anhelaba hallar.
Miré las mariposas
con sus esplendorosos colores,
pero cuando me acercaba a ellas,
su belleza se opacaba
y su luz me cegaba.
Miré la madurez
sin timidez,
pues en ella encontré un brillo
que, aunque no enceguece,
ilumina el camino
y no permite olvidar el ayer.
Forjé un caos a propósito,
buscando un depósito
donde almacenar mis sentimientos
sin que pudieran dañarme.
Pero fui yo quien hizo el daño,
por temor a participar
de aquello
de lo que ya era parte,
sin querer aceptar.
Me alejé del ruido,
buscando tranquilidad.
Levanté mi muralla
de cemento y cal;
cerré las puertas
para que nadie pudiera entrar.
Y de pronto,
sin buscarlo,
la luz volvió
y mi vida iluminó.
Entonces,
con tanto brillo,
mis muros derrumbó.
Encontré de nuevo la felicidad,
encontré mi religión,
y comprendí que aquello
que creía perdido
solo se estaba ocultando.
Y entonces,
de nuevo,
amaneció.
-
Autor:
Oscar Valero (
Online) - Publicado: 29 de agosto de 2026 a las 10:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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