Las arterias de la mañana masticaban relámpagos de leche,
mientras, el cuerpo era una torre de agua viva,
un animal de geometría despierta que devoraba las horas
al ritmo de una zootecnia de luz y calcio.
La tarde rodaba sobre la hierba como un ojo de vidrio,
y todo lo demás era un circo de sombrillas flotantes.
Hasta que el cielo escupió una espina de metal exogénico,
y el duende parió su nombre de hiedra negra en la tierra,
más el viento se volvió una boca llena de sal.
Se quebraron las bisagras de la alegría,
la postura del aire se desgarró en dos,
un látigo de plomo obligó a la sangre a girar hacia la sombra,
mientras una sanguijuela de alquitrán, lenta y fría,
se cosía a la piel para beberse las estatuas.
El mediodía quedó ciego,
y la esperanza voló como un murciélago de gas por la rendija del rostro,
hasta que, en la casa desierta de los huesos,
la muerte comenzó a derramarse como gota de mercurio.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de agosto de 2026 a las 09:43
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Maby De los Peña, Gabriel Aranda, Mirta C. Sly, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
Comentarios2
Hay poemas que se leen y se disfrutan por sus imágenes, y otros que te hacen detenerte porque debajo de esas imágenes parece haber algo más. Este me produjo eso. Tiene una amplitud que me gusta mucho: puede leerse desde lo surreal, desde lo simbólico, desde lo corporal… y seguramente admite otras puertas de entrada
.Quiero decirte algo que para mí vale mucho: lo leí.
De verdad lo leí.
abrazos🤗
Gracias por leerlo
Excelente drama surreal.
Saludos poeta Leoness
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