Las arterias de la mañana masticaban relámpagos de leche,
mientras, el cuerpo era una torre de agua viva,
un animal de geometría despierta que devoraba las horas
al ritmo de una zootecnia de luz y calcio.
La tarde rodaba sobre la hierba como un ojo de vidrio,
y todo lo demás era un circo de sombrillas flotantes.
Hasta que el cielo escupió una espina de metal exogénico,
y el duende parió su nombre de hiedra negra en la tierra,
más el viento se volvió una boca llena de sal.
Se quebraron las bisagras de la alegría,
la postura del aire se desgarró en dos,
un látigo de plomo obligó a la sangre a girar hacia la sombra,
mientras una sanguijuela de alquitrán, lenta y fría,
se cosía a la piel para beberse las estatuas.
El mediodía quedó ciego,
y la esperanza voló como un murciélago de gas por la rendija del rostro,
hasta que, en la casa desierta de los huesos,
la muerte comenzó a derramarse como gota de mercurio.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 29 de agosto de 2026 a las 09:43
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 1

Online)
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