LA VIEJA ESTACION

Marìa Graciela Muñoz Vidal

 

 

El tren grita su voz de humo entrecortando el intenso calor campesino…es pasado el mediodía  “las gentes” como dicen los paisanos están “ sesteando “.

Casi un rito, almorzar, tapar todo  con mantelitos de lino blanco, por los insectos, e irse a la cama.

Vestido , de preferencia junto a una ventana abierta por donde entre el perfume de los duraznos.

Pero mi Tío no duerme su siesta ,hoy   ha venido a esperarnos a la vieja estación  .Allí se le ve , en el andén espiando  la locomotora de rustico crujido inglés, que  Jadeante va deteniéndose .

En medio de esta mole de ladrillos corroídos por el tiempo, con ventanas y puertas  cuasi penitenciarias, se erigía “la vieja estación “donde los sueños de miles de futuros lejanos de mocitas y mancebos, se tejían en la frondosa enredadera del tiempo.

Tan adusta,  solemne ,guardando adioses y recuerdos, pariendo llegadas , nuevos sueños, desafiando la longevidad se  mostraba como una madre generosa abriendo los brazos al recién llegado.

El l aire caliente de pueblito se deja sentir ,casi quemando la piel. Es una aire limpio, cargado de   intensas aromas  mezcla de  rosales y manzanos,…de  vides y azafrán.

                                                                                                                                                               l Al  fin el tren , se detiene totalmente y bajamos .

 

Entrando raudamente a esta nueva atmosfera de vida campestre, solo bastaba aceptar esta entrega de amor de la preciosa campaña  oriental.

Por supuesto que iba corriendo a  los  brazos  de mi tío, tan grande y fuerte, que por un instante quedando prisionera en ellos, ni siquiera le podía  decir que  ¡!!no  respiro!!

! Vaya abrazos de mis recuerdos agasajados del más intenso y sincero amor!

 

 

 



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.