Cuando la tarde, silenciosa y triste, doble sus alas sobre el horizonte, y el viento vague entre sombras lejanas cantando nombres que la noche esconde; cuando mis ojos, cansados del mundo, busquen refugio de su amarga suerte, habrá un sueño que nunca me abandone, un sueño más fuerte que la misma muerte.
No es la gloria que buscan los hombres, ni el oro que deslumbra y luego huye; es una niña de mirada dulce, que en mis desvelos silenciosamente vive.
Yo la imagino dormida en mis brazos, como un lirio de amor recién nacido; y al contemplar en su rostro tu belleza, creo escuchar la voz de mi destino.
Tus ojos en sus ojos reflejados, tu sonrisa en su inocente sonrisa, tu suave cabellera derramando sobre su frente una dorada brisa.
Y entonces, ¿qué importaran las tristezas, las derrotas, el tiempo y el olvido?
Si en una sola de sus tiernas miradas hallara la razón de haber vivido.
Yo sería su sombra protectora, su faro fiel cuando la noche llegue; su compañero en los caminos arduos, su refugio cuando el dolor la encuentre.
Y cuando el tiempo, inexorable y lento, cubriera de blancura mis cabellos, bastaría escucharla llamarme padre para sentirme joven de nuevo.
¡Ah! Si supieras cuánto la he soñado, cuánto la he visto sin haberla visto; ella sería el milagro de tu amor hecho carne, sonrisa y paraíso.
Por eso guardo este anhelo en el alma, como se guarda una oración secreta: tener una hija nacida de tu ternura, y en ella amarte toda la vida entera.
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (SeudΓ³nimo) (
Offline) - Publicado: 28 de agosto de 2026 a las 13:33
- CategorΓa: Amor
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Offline)
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