¡DEJAD QUE LOS DESGRACIADOS VENGAN A MÍ!
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A la mañana siguiente, al salir Gerd de casa, lo sorprendió una camioneta. De él surgieron tres hombres que lo sujetaron con una camisa de fuerza. Otra camioneta hizo aparición, y de esta salió el doctor, aquel que le prometió encontrar una solución.
—¡Traidor! ¡Dijiste que me ayudarías, que encontrarías una solución!
—Gerd, dije que lo haría y lo hice. Cumplí mi palabra. Y es esta: te internarán y así podrás rehabilitarte. Verás que será lo mejor, no tenías que llegar hasta extre...
—Solo querías deshacerte de un cargo de conciencia, nunca sentiste consideración por lo que siento. Creí que eras mi amigo. ¡Traidor! ¡Ladrón!
Uno de los hombres que lo sujetaba se dio cuenta de lo último que dijo Gerd:
—Este está realmente enfermo. ¿Por qué es un ladrón?
—¡Porque me robó mi única esperanza para dejar limpia su puta conciencia! ¡Traidor y ladrón!
Palabras con las que el doctor pasaría cociendo y disociando lo que le quedara de hurto y traición.
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Autor:
Ocram Anatnom (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de agosto de 2026 a las 00:21
- Comentario del autor sobre el poema: Ahora sí, saquen sus conclusiones...
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

Offline)
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