Aquel día de otoño,
suaves hojas caían sobre
el tejado del olvido...
Cediendo ante el tiempo,
guardaban un último recuerdo
aferrado a sus frágiles tallos;
deslumbrantes todavía,
como si el color de sus cuerpos
se negara a morir.
Caían lentamente,
deslizándose sobre el suelo
liso y frío,
quebrándose bajo los pasos ajenos
de quienes caminaban sobre ellas
sin detenerse a mirar.
Sus ramas, ya desnudas;
sus hojas, ya rotas,
permanecían esparcidas
como historias que el tiempo
había decidido abandonar.
Qué incertidumbre tan extraña
la de sabernos pasajeros
en una realidad que continúa
incluso después de nosotros.
Qué tristeza pensar
que todo aquello que alguna vez floreció
termina cediendo ante el tiempo,
como aquellas hojas:
vacías,
frágiles,
solitarias,
perdidas en el invierno.
Quizá nadie recuerde
el instante exacto en que cayeron,
ni el color que alguna vez tuvieron.
Y quizá esa sea
la verdadera incertidumbre:
no saber cuánto tiempo
permaneceremos en la memoria
antes de convertirnos
también nosotros
en hojas sobre el suelo.
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Autor:
star (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 27 de agosto de 2026 a las 20:31
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

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