Vi los nardos que adornaban tu salón,
altivos, elegantes en su sencillez.
Parecían saludarme sin premura,
como llegan las viejas costumbres
que uno no sabe cuándo comenzaron
y acaba sin embargo deseando.
Los miré:
también las flores tienen memoria.
Aquel perfume inalcanzable
se parece a las cosas que se quedan:
una conversación que nunca termina,
una tarde que regresa
cuando menos la esperamos,
alguien que está lejos
y permanece.
Quizá por eso me gustan.
No hablan solamente de flores,
sino de quien cada año los elige,
ese pequeño ritual que vuelve,
la sencilla belleza
de saber que aún existen cosas
que deseamos repetir.
Y mientras duren,
haz de la mesa su pista de baile,
que se inclinen unos hacia otros
con el secreto
para permanecer sin detener el tiempo,
frágiles y eternos,
bailando sin prisa
mientras la luz de la tarde
se enreda en sus pétalos blancos.
Que nos recuerden, en silencio,
que también el tiempo puede ser hermoso
cuando, después de haber partido,
vuelve de nuevo a danzar.
José Antonio Artés Sánchez
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Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 26 de agosto de 2026 a las 10:30
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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