¡MI VIDA!

LuJITar

 

¡MI VIDA!

Tal vez, cuando niño, todo fuera una mentira.

Sé que con cariño el mal siempre se suaviza.

También he aprendido que el paso del tiempo nos va desvelando que el mundo real no es mucho más cierto.

Decía mi madre que yo era su vida. Y me sentía tan bien acogido que daba por hecho que así sería. Mas la paradoja no se sostenía: 

¿Cómo es posible que un ser tan pequeño le diera la vida a la creadora del propio universo? Ella me la daba, yo se la ofrecía y en este juego ya nadie perdía. 

No hay ciencia más pura que aquella inocencia. Cuando el pensamiento no aclara las dudas, es el sentimiento quien más se aproxima. Y así voy sintiendo lo que ahora pienso:

Le alzo mi voz a la muerte asesina. La doy por vencida. Pues he descubierto que en el recuerdo, seguimos unidos igual que al principio. Tan sólo era un cuerpo y dos almas distintas. Dos almas distintas que son la misma bailando en el borde del gran precipicio. Cuando se trata de ser uno mismo, arriba y abajo no son tan opuestos. Si caigo, me elevo y vuelo hacia el suelo. Y vuelvo al recuerdo con pies en la tierra y mirando al cielo:

Conservo en la piel el tacto divino cuando me acunabas todos los miedos en suave vaivén de brazos serenos.

Me viene tu imagen detrás de los ojos, allí donde nacen todos los sueños, y me deslumbra tu enorme sonrisa. Es un gran consuelo.

Te tengo grabados todos los registros de aquella voz que me acompañaba en cada momento como una conciencia que sigue existiendo.

Me invade el perfume de los domingos, ya no se fabrica, pues sin tu piel no se significa. Lo tengo guardado en lo más profundo de mis adentros.

Recuerdo tus guisos, intento imitarlos, maestra alquimista en el arte del gusto. Tardé en descubrir tu ingrediente secreto: No es más que el cariño. Con eso consigues que todo esté rico. Lo sé desde niño. 

Ya no se me olvida.

 

 

              © LuJITar (6-6-26)

 

 

Comentarios +

Comentarios2

  • Gabriel Aranda

    Recuerdos de infancia.
    Recuerdos de tierra recién sembrada.
    Recuerdos de una regadera que con mimos nos regaba.
    Recuerdos que la mejor mano que la portaba era nuestra MAMÁ.
    Inolvidable.
    Gracias por tus palabras.

    • LuJITar

      Gracias a ti, por aportar más valor al poema con tan bello y sentido comentario.
      ¡Un abrazo!

      • Gabriel Aranda

        Un placer y un abrazo fuerte.

      • JUSTO ALDÚ

        Muy buen logro en este tu texto de duelo convertido en memoria viva. Su mayor fuerza está en cómo transforma lo cotidiano —los brazos, la voz, los guisos, el perfume de los domingos— en una forma de vencer simbólicamente a la muerte. La paradoja de «ella me daba la vida, yo se la ofrecía» condensa muy bien el vínculo materno: dos vidas distintas que terminan habitando un mismo recuerdo. El cierre, Ya no se me olvida, sencillo y sin artificio, deja la emoción suspendida y eso atrapa al lector. Son recursos literarios.

        Saludos



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