Al alba, mansamente florecen
tus ojos del sueño.
Y me miras.
Y sonríes.
Y se eleva cual sol naciente
el animoso espíritu Amor.
Entre caricias y besos,
respiro tu aroma embriagado
de la paz del letargo.
Te separas, luego, y te alejas,
y te siguen, seducidos, mis ojos,
el instante eterno en que vistes, pudorosa,
el suave lienzo de tu piel.
Cuánto amo tus mañanas
de fresco rocío de inocencia.
Al atardecer, radiante y cálida,
de sol embebida tu sangre,
despejas de nubes mi cielo
y trinan en tu voz las aves
que calman los pesares del día.
Perenne primavera en tu rostro
que me incita a buscar anhelante
el suave beso de la rosa en tus labios.
Suspiras, y es tu aliento la brisa,
cálida brisa que mece
las flores en mi alma.
Cuánto amo tus tardes
de soles radiantes de amor.
En el ocaso, plenilunios de fuego
revisten el cuarto donde febriles
se entregan tu alma y la mía.
Asido a tus curvas, prendida en mi pecho,
danzamos en penumbras
la melodía vibrante del éxtasis.
Dibujo con mis labios tu silueta.
De caricias adornas mi piel.
Y fundidos en una miríada de lúbricos besos
aullamos de gozo a la luna.
Cuánto amo tus noches
de oscuridades plenas de pasión.
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Autor:
Damian Laurent (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 24 de agosto de 2026 a las 10:15
- Categoría: Amor
- Lecturas: 0
- En colecciones: Poesía.

Online)
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