Suenan metales fríos en el fondo del abrigo,
monedas que prometen lo que el viento no vende;
un puñado de cobre que camina contigo,
pero que nunca entiende
por qué la tarde calla o por qué el pecho se enciende.
Es apenas el cambio, la sobra del mercado,
el tintineo leve que devuelve el tendero,
la calderilla humilde que compra lo alcanzado,
y el monedero lleno sigue sonando a hueco.
Queda el metal gastado sobre el mantel de diario,
entre migas de pan y la taza vacía;
afuera corre el aire sin contar su salario,
abriendo en el cristal la luz del mediodía.
No hace falta apretar el puño en el bolsillo.
Basta el calor de otra mano al cruzar la cancela,
la puerta entreabierta, la sombra en el pasillo,
y este silencio claro donde nada se debe.
Antonio Portillo Spinola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de agosto de 2026 a las 04:45
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 47
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., JordiCris ✍️, El desalmado, Salvador Santoyo Sánchez, alicia perez hernandez, JUSTO ALDÚ, Nelly Cevallos - Liora, racsonando

Offline)
Comentarios1
un puñado de cobre que camina contigo,
pero que nunca entiende
por qué la tarde calla o por qué el pecho se enciende.
No importa decir nada más. Belleza existencial pura
Gracias, Jordi. Has recogido justamente el corazón del poema: podemos llenar las manos de materia y, aun así, seguir desarmados ante los misterios más sencillos del alma. Un abrazo, compañero.
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