La sentencia del hielo

Gabriel Hernán Albornoz

La sentencia del hielo

...De repente el rugido del viento calló su ronca voz
y el helado mar ya no abanicaba sus olas sobre mí,
sobre las islas el tímido sol amaneció
despejando el cielo que se había enlutado en Abril…


En aquel desierto de decepción ya no se oye el proyectil,
ni el fantasma del terror volverá por mi arma,
esa arma que escapó de mis manos cuando caí,
esa misma que utilicé para robarle al enemigo su alma…
esa misma, una sentencia me parece decir…


Pero no, hoy el día amaneció cálido de mañana
y me encontré con aquel que me salvó.
Me llevó a dar un vuelo por sus montañas,
pero no sentía el ronronear de su motor…


Me mostró todo aquello que destruimos en batalla
y cómo la gente llora sus pérdidas con dolor
intentando levantar las ruinas de sus casas.
¿Te das cuenta todo el daño que el odio causó?


Ahora ya no sentía de la muerte su amenaza.
Solo sentía que naufragaba en los ojos de mi Salvador.
-¡Llévame hasta aquella gente que llora su desgracia!
-No puedo hacerlo, pues aquella gente llora por vos.


Yo te salvé de aquel infierno que desangra
para no permitir que a tu alma se la beba un dictador,
pero aquí donde has llegado esta mañana
es donde terminan los tiempos...

...a los brazos de tu Creador… 

 

Autor: Elhen Amorado 

Comentarios +

Comentarios7

  • Freddy Kalvo

    Nunca morirá la memoria histórica, si de la historia se hace memoria...

    Un abrazo fraterno buen amigo Gabriel.

    • Gabriel Hernán Albornoz

      Querido amigo Freddy!!
      Sabias palabras, así debe ser para no cometer los errores del pasado. Quien no tiene memoria paga en el presente los errores del pasado.
      Te dejo un gran abrazo.

      Gabriel.

    • LOURDES TARRATS

      Amigo Gabriel.

      "La sentencia del hielo" la lei y tuve que volver al final una segunda vez. No porque no hubiera entendido la historia, sino porque sentí que al llegar a esos últimos versos todo lo que había leído antes cambiaba de sentido.

      Al principio entré en el poema desde la guerra: el viento, el mar, el proyectil, el arma, el enemigo, el miedo. Pero poco a poco comprendí que la guerra que realmente estabas contando era otra. Una guerra que continúa dentro del hombre mucho después de que dejan de escucharse los disparos.

      Y eso fue lo que más se interno en mi.

      Hay algo muy doloroso en ese hombre que despierta después del infierno y descubre que el paisaje ha cambiado, que ya no escucha el ruido de la muerte, pero que todavía lleva consigo todo aquello que hizo para sobrevivir. Esa arma que "escapó de mis manos cuando caí" no me parece solamente un arma. Para mí representa también aquello que el combatiente tuvo que convertirse para poder seguir vivo.

      Y entonces aparece "aquel que me salvó".

      Me gustó mucho que no lo presentes de inmediato como una figura divina. Primero es alguien que lo rescata, que lo lleva por las montañas, que le permite mirar desde arriba aquello que antes solamente podía ver desde dentro de la batalla. Y desde esa altura el personaje puede contemplar, por fin, las consecuencias de lo que ocurrió.

      Las casas destruidas.

      La gente llorando.

      Las pérdidas.

      Y esa pregunta que atraviesa todo el poema:

      "¿Te das cuenta todo el daño que el odio causó?"

      Ahí sentí que el poema deja de ser solamente la historia de un soldado y se convierte en una reflexión mucho más grande sobre nosotros. Porque en una guerra todos tienen una razón para disparar, todos creen estar defendiendo algo, todos terminan llamando enemigo a alguien. Pero cuando el ruido desaparece, quedan las ruinas. Y las ruinas no preguntan de qué lado estaba cada uno.

      Hay una parte que me profundizo mas que nada:

      "Solo sentía que naufragaba en los ojos de mi Salvador."

      No sé si todos los lectores la recibirán de la misma manera, pero yo la sentí profundamente espiritual. Ese hombre que sobrevivió al campo de batalla parece encontrarse, finalmente, frente a una mirada que ya no lo juzga desde la lógica de la guerra. Y precisamente por eso puede verse a sí mismo.

      Y entonces llega el golpe más fuerte del poema:

      "No puedo hacerlo, pues aquella gente llora por vos."

      Ahí, amigo, sentí que el poema se me cerraba en el pecho.

      Porque de repente comprendemos que el hombre no está simplemente siendo llevado hacia un lugar seguro. Está siendo llevado hacia la verdad. Y la verdad es que sobrevivir no borra lo sucedido. El que vuelve también tiene que enfrentarse a los muertos, a los que quedaron atrás, a las familias que lloran y a la parte de sí mismo que quizá murió en aquella guerra.

      Por eso el título, "La sentencia del hielo", me parece que adquiere una dimensión muy distinta después de leer todo el poema. El hielo puede estar afuera, en ese paisaje inicial, pero también puede estar dentro del hombre: en la memoria, en la culpa, en aquello que quedó detenido después del horror. Y solamente cuando aparece el Salvador comienza a derretirse algo de ese frío.

      Me gustó también que no terminaras con una explicación. Terminas con una entrega:

      "a los brazos de tu Creador…"

      Y ahí entiendo que para ti la salvación no consiste únicamente en haber escapado de la guerra. Hay una salvación más profunda: abandonar finalmente aquello que la guerra hizo de uno y enfrentarse a Dios con toda la verdad de lo vivido.

      No sé si esa fue exactamente tu intención al escribirlo, y tampoco quiero imponerle mi lectura a tus versos. Te cuento simplemente lo que me ocurrió como lector. Yo no terminé pensando en una batalla. Terminé pensando en un hombre que, después de sobrevivir al infierno, descubre que todavía tiene que atravesar el territorio de su propia conciencia.

      Y eso, para mí, es lo que hace que tu poema tenga peso.

      Hay dolor en estos versos, pero también hay una pregunta moral que permanece después de cerrar el poema: ¿qué queda del ser humano cuando la necesidad de sobrevivir lo obliga a hacer cosas que jamás habría imaginado hacer?

      Quizá por eso me parece que tu poema habla más de la condición humana que de una guerra determinada. Habla del miedo, del odio, de la culpa, de la pérdida y, sobre todo, de esa posibilidad última de ser salvado cuando ya no podemos salvarnos solos.

      Te felicito, amigo. Hay poemas que cuentan una historia y terminan cuando termina el relato. Este no. El tuyo me dejó pensando después de haberlo terminado, y para mí esa es una de las señales más sinceras de que un poema ha conseguido tocar algo.

      Gracias por confiarme estos versos. Los recibí con respeto, pero también con emoción.

      Desde mi isla, un abrazo fraterno, amigo y mi admiración por haber llevado una historia de guerra hacia un lugar mucho más humano, porque:

      POETAS SOMOS...
      también cuando escribimos desde las heridas que no se ven.

      • Gabriel Hernán Albornoz

        Muy profunda observación mi buena amiga Lourdes, sobre este poema.
        La verdad que haberme hecho saber tan detalladamente lo que sucedió contigo al leerlo me deja contento, porque si bien uno escribe desde la humildad y de la mejor manera que se pueda cuando llega la inspiración, muchas veces me planteé si al que lo lee le pasa lo mismo. Porque la intención de este poema es principalmente, para mí, conmover para crear conociencia sobre un hecho histórico que nos movió a la mayoría de los argentinos y a gran parte de latinoamárica. Pero si muere en un puñado de letras el objetivo se pierde.
        El hecho que tú lo hayas recibido de esa manera me conmueve profundamente, porque siento que mi objetivo está realizado. Al menos con un lector, para mí ya es suficiente.
        Y en cuánto a tu reflexión de toda la simbología del poema, es tal cual lo interpretas: en otro poema sobre el mismo tema puse: "Pero no te creas
        que lo mejor es vivir
        como aquellos que volvieron
        por una condecoración,
        el mejor premio está en ti,
        en la vida eterna
        para tu valiente corazón".
        Y esto confirma tu razonamiento acerca de los dolores que trae de vuelta el que sobrevive. Porque todos luchan por su vida, ¿pero volver es vivir? Si fuera así ¿por qué tantos se quitan la vida luego? Quedan muchos factores internos: la culpa, el horror, la identificación personal con quien no pudo regresar. Entonces naufragar en los ojos del creador es, tal cual lo explicaste, la redención, el perdón de los pecados por el cual fueron enviados a cometer actos indeseados. Y por otro lado es la voz romántica del ausente, para tocar las fibras del lector y llamarlo a la conciencia.
        A la vez también me hiciste reflexionar en algo que no me había dado cuenta en el momento: "el enemigo" ¿quien es? Ambos son enemigos entre sí, y la imagen celestial salva a uno, a mi personaje. Pero siendo ambos inocentes, ambos son culpables también por los acontecimientos, ambos son enemigos, no solo el otro, y como conclusión, el salvador es el mismo para ambos bandos. También debería haber salvado a uno del otro lado. Pero bueno, esto ya es más filosófico. Yo solo me detuve en algo poético que me inspiró sobre el tema, y por supuesto elegí un bando y me adueñé de un dios que está a favor de este personaje simbólico y en contra de su "enemigo". Pero me hiciste reflexionar más profundo. Mil gracias por ello.
        Te dejo un gran abrazo y una vez más te agradezco el tiempo de tu lectura tan profunda y tu comentario, que es cierto, sigue más allá del poema para seguir reflexionando.

        Gabriel.

      • Mirta C. Sly

        No hay caso, terminaré comprando un bote, ya inundé mi comedor, y el agua avanza hacia el pasillo.
        Me vas a dejar sin lágrimas
        🇦🇷 "Son y serán Argentinas"🇦🇷🫂

        • Gabriel Hernán Albornoz

          ¡Hay Mirta querida!
          ¡No llores mi alma! Al menos no llores tanto. Un poquito sí, porque esa era mi intención. Jaja.
          Me conmueve tu sensibilidad, me conmueve tu nobleza, me demuestra a cada comentario que sos una persona divina, de esas a las cuales les darías un apretado abrazo de verdad, no solo el digital; sos una persona con quien me quedaría charlando noches enteras agotando termos y termos de mates, mano a mano, sentados a una mesita cuadrada de madera, en una cocina, uno a cada lado; al lado de una ventana con vista al pasillo de un patio lleno de macetas y plantas, hasta que amanezca.
          Gracias por tu calidez y tu presencia siempre.
          Te considero una persona estupenda.
          Te dejo un abrazo digital, pero me deja gusto a poco.

          Gabriel.

        • Éusoj Nidlaj

          Patriotismo puro!!! Saludos y abrazos, mi querido amigo poeta.

          • Gabriel Hernán Albornoz

            Gracias mi querido amigo por tu presencia. Sí, el tema de este poema es muy sensible para los argentinos y lo presenté de esta forma para que fuera más íntima a la sensibilidad, e intentar lograr una conciencia más profunda para quienes no vivieron la historia contemporánea en persona. Te dejo un gran abrazo y nos seguimos leyendo.

          • El Hombre de la Rosa

            Hermoso y genial tu explendido versar estimado poeta y amigo Grabiel
            Saludos de Críspulo desde España
            El Hombre de la Rosa

            • Gabriel Hernán Albornoz

              Gracias amigo Críspulo por tu presencia y tu lectura. Y gracias también por tus elogios. Para mí es un honor recibirlos. Te dejo un gran abrazo desde San Francisco, Argentina.

              Gabriel

            • Nelly Cevallos - Liora

              Gabriel, este poema avanza como una revelación. Desde el comienzo, cuando el viento calla y el mar deja de agitarse, ya se siente que algo ha cambiado alrededor del protagonista. Ese amanecer sobre las islas, después de un cielo enlutado, abre una calma que todavía no entendemos del todo.

              Luego aparece el arma caída, el proyectil que ya no se oye y esa memoria de haberle quitado la vida al enemigo. Ahí el poema no suaviza lo ocurrido: el personaje carga con lo que hizo, y esa arma termina convirtiéndose casi en una sentencia que vuelve hacia él.

              Cuando llega la mañana cálida y aparece quien lo salvó, comienza otro tránsito. Me gusta mucho que lo lleves a volar sobre las montañas mientras él ya no escucha el motor. Esa ausencia del ruido empieza a preparar al lector para comprender que el viaje pertenece ya a otro lugar.

              Y entonces le muestras las ruinas. Las casas destruidas, la gente llorando, todo aquello que la batalla dejó detrás. El protagonista contempla por fin las consecuencias de ese odio desde una perspectiva distinta, y ahí el poema se vuelve todavía más doloroso.

              El diálogo final me ha hecho llorar, Gabriel. Cuando pide que lo lleven hasta quienes lloran y recibe como respuesta que esa gente llora por él, algo se rompe de golpe. Comprendemos que también él ha quedado del otro lado, que la amenaza de la muerte ya pasó porque la muerte ya ocurrió.

              Y el cierre, llegando a los brazos de su Creador, termina de ordenar todo lo anterior con una serenidad que duele. El viento, el arma, las ruinas, el vuelo y ese silencio final adquieren entonces otro sentido.

              Has unido guerra, culpa, pérdida, conciencia y tránsito espiritual dentro de una misma historia, dejando que la revelación llegue poco a poco. De verdad, este poema me dejó el corazón helado.

              Muy buen trabajo, Gabriel. Sabes construir una escena, sostener el misterio y llevar al lector hasta una última línea que resignifica todo lo leído.

              Un abrazo enorrrrrrrrme

              — LIORA

              • Gabriel Hernán Albornoz

                Mi querida amiga del alma:

                Perdón por haberte hecho llorar. Sinceramente, saberlo me conmovió hasta las fibras más íntimas. Si te digo que se me herizó la piel y se me humedecieron los ojos no es exagerar.
                Quise llevarlo más allá de la lectura. Quise llevarlo a la vida misma, al sentimiento. Pero no creí que tanto.
                Si en el mundo existiera más gente como tú, como Mirta, como Lourdes, como Eusoj, como Críspulo, como Freddy y como tantos otros de este espacio que lograron conmoverse con este relato... te puedo asegurar que no existirían las guerras.
                Si existiera más gente sensible como tú y tantos de miles que observan lo que los rodea a diario y lo incorporan a su sentir, para cada día ser mejores, este mundo sería más habitable. Y si no existiera tu comentario fiel al pie de cada uno de mis poemas, este poeta ya hubiera perdido su estímulo a seguir.
                Te agradezco infinitamente tu cálida presencia, siempre.
                Como le dije a Mirta, 👆 te considero una de esas personas a las cuales el abrazo digital se está volviendo insuficiente. Gracias, gracias, gracias gracias.

                ¡Abrazo enorrrrrme!

                Gabriel.

                • Nelly Cevallos - Liora

                  Gabriel, no me pidas perdón por haberme hecho llorar. Cuando un poema llega así, cuando atraviesa la lectura y toca una fibra verdadera, el llanto también es una forma de agradecer.

                  Tu relato hizo justamente eso: llevó la guerra fuera de la idea abstracta y la puso frente al lector con sus ruinas, sus muertos, su culpa y esa revelación final que cambia por completo todo lo anterior. Por eso emociona tanto.

                  Y tus palabras hacia mí me han conmovido profundamente. Saber que mis lecturas y mis comentarios te acompañan y te dan impulso para seguir escribiendo es algo que recibo con muchísimo cariño. Tú también dejas mucho de ti al pie de mis poemas, y eso crea un intercambio que valoro de verdad.

                  Gracias por tu sensibilidad, por tu generosidad y por seguir escribiendo desde un lugar tan humano.

                  Y sí… hay abrazos digitales que empiezan a quedarse pequeños.

                  ¡Abrazo enorrrrrme, Gabriel!

                  — LIORA

                • noasubin

                  Si la guerra deja ruido y sombra, y la paz llega en silencio a revelarnos que todo dolor se nos debía a nosotros mismos, entonces el mayor milagro no es sobrevivir al combate, sino comprender por qué se luchó. Tu poema nos lleva desde el frío del odio hasta el cálido encuentro con la verdad: que fuimos salvados para darnos cuenta de que todo aquello por lo que se sufrió, se debía a nuestra propia falta de amor. Gracias por este canto tan valiente y conmovedor, que nos lleva de la mano desde el rugido del viento hasta la serenidad de quien finalmente comprende. Un abrazo lleno de respeto y admiración.

                  • Gabriel Hernán Albornoz

                    Gracias amigo Noah!
                    Tus palabras actúan siempre con sabiduría y complementan mis poemas para agregar una reflexión más, y dejan abierto el significado a nuevos pensamientos que van más allá del final. Te agradezco tu presencia siempre, y tu aporte.
                    Abrazo grande!!

                    Gabriel.

                    • noasubin

                      Si cada palabra que compartimos es semilla que florece en el otro, entonces tu comprensión hace que mis versos crezcan más allá de lo que yo supe decir. Gracias por leer con tanta altura y por dar nuevo sentido a cuanto escribo. Tu aprecio es el mayor galardón. Recibo tu abrazo y te lo devuelvo, grande y fraterno.
                      Cordiales saludos



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