Desgraciada y lamentablemente la
Generación joven de hoy, primer
Cuarto del Siglo XXI, no sabe
Ni sabrá apenas si tendrá
Paraísos.
La generación que hoy
Transcurre, la mía,
Solo sabremos
De paraísos
Perdidos.
El mundo, nuestro mundo hoy, está dirigido por personas y mandatarios peligrosísimos que en cualquier empresa u otra profesión habrían sido despedidos de inmediato: Para operar en un quirófano se necesitan décadas de estudios y una formación altísima; para un avión comercial, miles de horas de práctica supervisadas; para ser alguien con credibilidad en medios escritos serios se pide conocimiento profundos y honestidad, mucha honestidad; para reparar un sistema eléctrico una certificación que demuestre que no matarás a nadie por negligencia. Pero para controlar arsenales nucleares, firmar ordenes de movilización que envían a miles de personas a morir o decidir qué industrias quiebran y cuáles reciben rescates multimillonarios solo se necesita una cosa: Saber aparecer en una pantalla.
Un comediante ucraniano, hijo de un fascista y nieto de un nazi de la Segunda Guerra Mundial que invadió la Unión Soviética, que interpretaba a un Presidente en una serie de televisión (Zelenski) es, hoy, el que firma en Ucrania decretos que determinan si habrá guerra o paz.
Un magnate estadounidense, con cara, mirada y gestos de orangután congoleño, cuya única experiencia administrativa real, cuya única experiencia fue despedir participantes en un reality show (y en su juventud un cobrador matón de facturas en la empresa de su padre) es quien controla hoy los códigos nucleares de la mayor potencia militar del planeta, hasta que Irán demuestre que es mentira. Las cosas no son anomalías: son el estándar de un presente, y lo más inquietante no es que hayan llegado, es que mientras estaban y aun están ahí el mundo sigue funcionando peligrosamente: las Bolsas suben y bajan, los Bancos operan arruinando a unos y enriqueciendo a otros, las multinacionales de cualquier género se expanden como si la imagen de las pantallas fueran completamente prescindibles para el funcionamiento real del Poder. Hay un sentimiento que recorre las sociedades contemporáneas todas hoy. Una angustia que no siempre se nombra, pero que todos reconocemos: La sensación de que no hay ningún adulto en el mundo.
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 23 de agosto de 2026 a las 15:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
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