DESDE TU MIRADA DE AMOR...

alicia perez hernandez



DESDE TU MIRADA DE AMOR...

 

Cuando me miro en tus ojos,

pierdo los sentidos

y no me importaría morir

en ese momento,

si me sepultan tus ojos.

¡Qué bonita muerte!

Y si me besa tu boca,

que pasión más bella.

Si me muero en tus brazos,

moriré dichosa.

Si me quedo en tu alma,

para que quiero más.

Si me dices ¡Te quiero!!

¡gozosa por ti muero!

Y si me dices ¡Te Amo!

me sentiré en el cielo,

si! en el cielo de tu bendito amor,

con la bendición de Dios

Y en la gloria de amarnos,

entre el cielo y el infierno.

En el cielo de mis sueños,

es un gozo saberte mío,

Sí, sólo mío y de nadie más!!

¡Eso me basta para ser dichosa!

Saberte mío, más de nadie jamás

Así te amo... ¡Amor, amor mío!

Me veo en tus hermosos ojos

¡Ojos míos, de mi querer!

 

viviremos amándonos la eternidad

desde tu bella mirada de amor,

como castigo o como bendición

seremos eternos con Dios,

en un cielo que nos contenga a los dos

con tu mirada de Amor...

 

He enloquecido de amor, 

cuando supe que eras eterno en mis ojos, 

y que me volví indispensable para ti, 

y tú en mis ojos encuentras tu hogar.

y tu corazón se negó a dejar de sentir por mí,  

todo este amor que los dos sentimos 

Ya te hiciste eterno en mis ojos, Amor!

 

Alicia Pérez Hernández... México

No es la pluma la que escribe, es el alma

Todos los derechos reservados©

Vengo del fondo oscuro de una noche implacable
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable
y una paloma blanca se me posa en el hombro.

Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.

Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo también he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.

Quizás tu alma está abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto... ¡porque estaba contigo!

Poema del regreso. José Ángel Buesa 



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