Eres la frontera de mis manos,
las eternas desarraigadas
que tampoco te han soñado árbol
cuando tu sombra me baña.
Nuestra raíz es otra, tan parecida a la soledad
o al polvo
de los huesos de estrellas extintas que todavía miramos.
No inoculamos la carne el uno en el otro,
volvemos a ser orilla luego de ser río,
no nos germinamos como la lenteja
preñada de universo
sobre el algodón húmedo.
Somos el residuo del goce que repetimos
por esta terca naturaleza electromagnética,
el sedimento de la cal primigenia
donde salen a flote tus y mis ojos
que habrán de quedar mirando al vacío
como fidedigno espejo.
Nos queda el tiempo que nos queda
y por eso no miro el reloj,
sino a ti.
Somos llamas separadas en el mismo fuego,
dos ramas, dos pájaros,
cuyo diálogo —dos— será igual en la ceniza.
Olvera, P. México, 21 de agosto de 2026
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Autor:
Pedro Olvera (
Offline) - Publicado: 22 de agosto de 2026 a las 02:04
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Offline)
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