Lo que permanece
El atardecer se demora
frente al mar.
El sol, casi tocando el horizonte,
deposita su luz
sobre una franja del cielo
y deja en el agua
un resplandor apenas visible,
como si la tarde
quisiera retirarse sin hacer ruido.
Arriba, el azul se vuelve más frío.
Abajo, el mar continúa.
Entre ambos
queda suspendido el instante:
ese lugar sin nombre
en que el día deja de ser día
y todavía no es noche.
Las olas vienen.
Una tras otra
alcanzan la orilla,
se inclinan sobre la arena
y desaparecen.
Luego otra.
Y otra.
En la arena húmeda
queda por un momento
un trazo luminoso,
una escritura que el agua misma
se encarga de borrar.
Quizá así acontece lo vivido:
llega hasta nosotros,
nos toca,
deja una señal
y se retira.
Creemos entonces
que hemos perdido aquello
que alguna vez estuvo aquí.
Pero el mar permanece.
Permanece no como algo
que se opone al tiempo,
sino como aquello
que deja que el tiempo pase.
También nosotros
somos, de algún modo,
esa orilla.
Un lugar donde las cosas
llegan desde lo desconocido,
se hacen presencia por un instante
y luego regresan
a aquello de donde vinieron.
Miro el horizonte
y comprendo que recordar
no es conservar.
La memoria no guarda intacto
lo que ha sido.
Lo deja volver
de otra manera.
Como vuelve la luz
sobre el agua.
Como vuelve una ola
sin ser nunca la misma.
Tal vez por eso
la tarde no termina.
Se retira.
Y al retirarse
abre en nosotros
un espacio para lo que permanece.
El sol desciende.
El mar continúa.
Y entre ambos,
por un instante,
estamos nosotros:
no frente al mundo,
sino dentro de él,
escuchando cómo lo que pasa
deja de pasar
y empieza, lentamente,
a ser memoria.
-
Autor:
José Honorio Martínez Ochoa (
Online) - Publicado: 21 de agosto de 2026 a las 20:53
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1
- En colecciones: Poemas de amor.

Online)
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