Con su andar luminoso detuvo mis sentidos,
me exilió del dolor, atado al firmamento.
Contuvo entre sus pechos mis latidos errantes,
retumbando mi sangre con su piel arrasada.
Me provocó palabras con sabor a simiente,
derramando el color en mi lecho y mi frente.
La perseguí constante bajo la lumbre tibia,
me aferré a su cintura de jabón y de nieve.
Sus ojos me seguían como dos girasoles,
con ella fui un gigante de sol y de vertiente.
Sostenido en su alma y su sabor a trigo,
permanecí en el mundo injusto e indolente.
-
Autor:
Carlos Gómez (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 20 de agosto de 2026 a las 16:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 0

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.