Ecos De Una Historia De Amor

Karlos Andrés

 

Amor mío:

Hoy vuelvo a tomar la pluma.

Y qué extraño se siente hacerlo otra vez, después de tanto tiempo intentando guardar en silencio todo aquello que mi corazón no sabía cómo pronunciar.

Vuelvo a escribir porque hay sentimientos que no caben en una conversación, palabras que se quedan atrapadas en la garganta y emociones que, por más que uno intente esconderlas, terminan buscando una salida.

No sé exactamente qué estoy haciendo al escribirte esto.

Tal vez estoy perdido.

Tal vez estoy enamorado.

Tal vez tengo miedo.

O quizá estoy sintiendo todas esas cosas al mismo tiempo.

Tengo el corazón lleno de preguntas, de recuerdos, de ilusiones y también de temores. Hay una parte de mí que quiere correr hacia ti y otra que, asustada, se pregunta qué pasaría si algún día tuviera que aprender a vivir sin ti.

Y entonces vuelvo a lo único que alguna vez me permitió decir aquello que mi voz no sabía explicar:

escribir.

Por eso estoy aquí, nuevamente frente a una hoja, intentando ordenar un corazón que no sabe de orden, poniendo palabra tras palabra aquello que durante tanto tiempo he llevado dentro.

No sé si estas líneas lograrán decirte todo lo que siento.

Pero sí sé algo...

cuando ya no sé cómo hablarte desde el corazón, vuelvo a tomar la pluma para escribirte desde el alma.

Hoy quiero escribirte desde un lugar muy profundo de mi corazón. Quiero llevarte conmigo, por un instante, al comienzo de nuestra historia; a ese momento en el que todo empezó sin que ninguno de los dos pudiera imaginar hasta dónde nos llevaría la vida.

Recuerdo que al principio me preguntaba si serías tú la mujer indicada para abrir nuevamente las puertas de mi corazón. No sabía qué iba a suceder, ni siquiera entendía muy bien lo que comenzaba a sentir por ti. Solo sabía que, poco a poco, estabas empezando a ocupar un lugar diferente, un lugar especial, un lugar que no cualquiera había podido alcanzar.

Y así pasé de tenerte en un sueño a encontrarte en mi realidad.

Mientras tú leías mis escritos, quizá nunca imaginaste que detrás de cada palabra había un pedacito de lo que sentía por ti. Cada escrito llevaba un toque de amor, de cariño, de ilusión. Cada verso tenía algo tuyo, aunque nunca mencionara directamente tu nombre.

Porque, en realidad, muchas de aquellas palabras estaban escritas pensando en ti.

Recuerdo que hasta me temblaba la voz cuando intentaba expresarte que no entendía qué estaba pasando conmigo. No sabía cómo explicarte que comenzabas a importarme más de lo que yo mismo había imaginado. Mi corazón estaba aprendiendo a quererte mientras mi razón intentaba entenderlo.

Y hubo momentos en los que sentía tu calidez tan cerca de mí, que podía imaginar que quizá algún día aquello que soñaba podría hacerse realidad.

Pero también hubo otros momentos en los que sentía, sin piedad, el frío de tu indiferencia.

Y qué difícil era eso...

Porque mientras mi corazón comenzaba a acercarse a ti, algunas veces sentía que tú te alejabas. Y yo quedaba en medio de esa incertidumbre, sin saber si debía seguir esperando o aprender a soltar.

Aun así, cuánto soñaba con cosas tan sencillas...

Soñaba con tomar tu mano.

Con aquel café que alguna vez nos prometimos.

Con sentarnos una tarde a hablar de cualquier cosa, incluso de nada.

Con compartir una tarde sin sentido, de esas que parecen no tener importancia, pero que cuando pasan los años terminan convirtiéndose en los recuerdos que más queremos conservar.

Yo solamente quería estar contigo.

Y mientras todo eso sucedía, sentía que caía lentamente en un abismo. Un abismo construido de dudas, de sentimientos que no sabía dónde poner y de un amor que comenzaba a crecer sin pedir permiso.

Y, en medio de esa caída, anhelaba algo tan sencillo como que fueras tú quien me rescatara.

Hubo un momento en que pensé en ponerle punto final a todo.

Pensé en dejar de escribirte.

En guardar mis palabras.

En callar.

Pensé que quizá debía hacerlo para no seguir agobiando mi corazón, porque comenzaba a sentir que aquello que estaba naciendo dentro de mí no era correspondido de la misma manera.

Y quizá hubiera sido más fácil callar.

Pero algo dentro de mí siempre me impulsaba a continuar.

A escribirte desde la distancia.

A dejarte palabras que quizá algún día pudieras leer de otra manera.

Yo solamente deseaba que pudieras mirar más allá de mis versos y descubrir aquello que mi corazón todavía no se atrevía a decirte de frente.

Quería que pudieras entender que cada palabra tenía un sentimiento detrás.

Que cada escrito era una pequeña confesión.

Que, aunque muchas veces no lo dijera, había comenzado a quererte.

Y hoy, cuando miro hacia atrás, me parece increíble pensar en todo aquello.

Porque aquella mujer que alguna vez me hizo preguntarme si debía abrir mi corazón, hoy es precisamente la mujer que ocupa uno de los lugares más importantes de mi vida.

Hoy eres mi gran felicidad.

Hoy eres parte de mis días, de mis pensamientos, de mis planes y de mis sueños.

Y ha pasado un año...

Un año lleno de recuerdos, de momentos maravillosos, de experiencias que guardaré para siempre en mi corazón. Un año que me ha enseñado que el amor no solamente está en los grandes momentos, sino también en esas pequeñas cosas que hacemos juntos y que quizá en el instante parecen insignificantes, pero que con el tiempo se convierten en recuerdos únicos e inolvidables.

Y entre tantos días, existe uno que para mí siempre tendrá un significado diferente:

el 29.

Ese 29 que marcó nuestro destino.

Ese 29 que, de alguna manera, decidió cambiar nuestras vidas y poner nuestros caminos en una misma dirección.

Desde entonces hemos vivido, aprendido, reído, llorado y crecido juntos.

Y si hoy me preguntas qué quiero para el futuro, mi respuesta ya no nace de la duda.

Nace del amor.

Yo quiero que seas mi compañera de vida.

Quiero poder establecerme contigo, construir un hogar, compartir sueños, superar dificultades y celebrar triunfos. Quiero que podamos mirarnos dentro de muchos años y recordar todo lo que tuvimos que atravesar para llegar hasta allí.

Quiero ser esa persona que tome tu mano cuando tengas miedo.

La que te abrace cuando estés triste.

La que celebre tus alegrías como propias.

La que permanezca cuando las cosas no sean fáciles.

Porque no quiero un amor que solamente exista cuando todo está bien.

Quiero un amor que también sepa quedarse cuando la vida nos ponga pruebas.

Y algún día, frente a las personas que nos quieren, que han visto nuestra historia y que han sido testigos de nuestro camino, quiero poder mirarte a los ojos, tomar tu mano y darte un sí.

Un sí que no sea solamente una palabra.

Un sí que signifique:

Te elijo.

Te quiero.

Quiero caminar contigo.

Quiero construir contigo.

Quiero compartir contigo lo que venga.

Y deseo escuchar de tus labios ese mismo sí.

Porque después de todo lo que hemos vivido, no quiero que nuestra historia termine siendo solamente un hermoso recuerdo.

Quiero que siga siendo nuestra historia.

Quiero que aquel amor que alguna vez nació entre escritos, dudas, silencios y palabras que no me atrevía a decir, termine convirtiéndose en una vida compartida.

Y ahora entiendo algo que antes no podía comprender.

Entiendo por qué nunca pude dejar de escribirte.

Entiendo por qué, aun cuando sentía que debía callar, algo dentro de mí insistía en seguir.

Quizá porque, sin saberlo, cada palabra que te escribía no estaba solamente contando lo que sentía.

Estaba escribiendo nuestra historia antes de saber que algún día sería nuestra.

Hoy no quiero escribirte desde la distancia.

Hoy quiero escribirte desde el lugar que me has permitido ocupar en tu vida.

Y si algún día volvemos a leer estas palabras juntos, quiero que podamos sonreír y recordar que hubo un tiempo en el que yo no sabía si tú serías la mujer que abriría mi corazón.

Y qué hermosa ironía la de la vida...

Porque terminaste siendo mucho más que eso.

Terminaste siendo la mujer que mi corazón eligió para quedarse.

Y si la vida me permite pedir un deseo, solo pediría uno:

que aquel 29 no sea solamente el recuerdo del día en que comenzó nuestra historia, sino el primero de muchos años en los que sigamos eligiéndonos.

Porque si alguna vez me preguntan qué quiero conservar para siempre, no tendré que buscar una respuesta.

Diré tu nombre.

Y si me preguntan dónde quiero estar cuando pasen los años, tampoco tendré que pensarlo.

Quiero estar a tu lado.

Porque después de tantos sueños, tantas palabras, tantos versos y tantos recuerdos...

hoy mi sueño ya no es encontrarte.

Y quizá algún día, cuando vuelvas a leer esta carta, yo ya no esté sentado frente a ti para explicarte cada palabra.

Quizá la vida nos haya llevado por caminos diferentes, quizá el tiempo haya cambiado algunas cosas o quizá simplemente estemos en lugares que hoy no podemos imaginar.

Pero si algún día llegas a leer estas líneas y ya no tienes mi mano junto a la tuya, quiero que recuerdes algo:

Yo sí quise quedarme.

Quise quedarme en tus días, en tus abrazos, en tus planes y en tus mañanas. Quise ser parte de esa vida que tantas veces imaginé contigo. Quise llegar a viejos a tu lado y poder decirte que, después de todo lo vivido, valió la pena haber apostado por nosotros.

Por eso, si algún día me toca partir de tu vida, no quiero que recuerdes solamente mis errores, mis inseguridades o aquellos momentos en los que no supe hacer las cosas bien.

Recuérdame también por las veces que intenté hacerte sonreír.

Por cada palabra que escribí pensando en ti.

Por cada abrazo que quise convertir en un lugar seguro.

Por cada sueño que imaginé a tu lado.

Y, sobre todo, recuerda que hubo un hombre que, entre millones de personas, te miró y decidió que eras tú.

Tú, la mujer por la que volvió a creer.

Tú, la mujer que hizo que sus palabras dejaran de ser solamente escritos y se convirtieran en una historia.

Tú, la mujer que alguna vez fue un sueño y terminó convirtiéndose en su realidad.

Y si algún día vuelves a pasar por aquel lugar donde comenzó todo, si escuchas una canción que alguna vez compartimos, si ves un café que te recuerde aquel que nunca dejamos de prometernos, o si simplemente llega el 29 y tu corazón siente algo diferente...

detente un momento.

Y recuerda que alguna vez hubo dos personas que se encontraron, que se quisieron, que soñaron con un futuro juntos y que, por un instante de la eternidad, fueron el mundo entero el uno para el otro.

Yo no sé qué nos tenga preparado la vida.

No sé cuántos 29 nos quedan.

No sé cuántas páginas más podremos escribir juntos.

Pero mientras pueda elegir, te seguiré eligiendo a ti.

Y si algún día ya no puedo hacerlo, si la vida decide escribir un punto donde nosotros todavía queríamos poner una coma, solo espero que cuando cierres esta carta puedas sentir, aunque sea por un instante, todo el amor que dejé escondido entre estas palabras.

Porque quizá esta sea solamente una carta.

Pero para mí...

es una parte de mi corazón que estoy dejando en tus manos.

Cuídala.

Y si alguna vez la vida te pregunta quién te amó de verdad, espero que mi nombre aparezca entre tus recuerdos.

No porque haya sido perfecto.

Sino porque, mientras tuve la oportunidad...

te amé con todo lo que fui.

Con todo mi amor,

el hombre que alguna vez soñó con encontrarte,
y que después de encontrarte solo quiso quedarse.

Te amo.

Mi sueño es no dejar de caminar contigo.

 

 

 

  • Autor: Andrés KA. (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 20 de agosto de 2026 a las 01:53
  • Categoría: Carta
  • Lecturas: 1


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