El Porvenir

Luis Revo

 

I

 

Siento ahora, en la fragua de esta calma, que nada de esto se formó sin antes no haber desarticulado las memorias tuyas, para ver donde queda lo que ya no cabe, e ir quitándole el polvo a los juegos siniestros del olvido, de los rencores, de los “sin embargo”.

 

Esta calma va cuajando, como una dulce mezcla de los néctares primigenios, para darle vida a todo, y la distancia ayuda, con la mirada lejana todo cuadra y nada se siente.

Ya ha cuajado, la calma ha llegado.

 

Sabrá Dios en qué milla olvidada me encuentro, el cielo sigue gris, demasiado necio para teñirse el cabello, los árboles pasan y pasan, y la calma sigue, aunque no tenga raíz en ningún lugar, ni me lleve a ningún lado. 

 

Y yo pienso, pienso mirando todo, con el humor del que dispongo a estas horas y con esta poca calma, no pienso en otra cosa más que en el porvenir, aquella cosa que solo se puede ver con el catalejo empañado de la esperanza. 

 

Nada veo; pero en este trayecto, en el que me alejo lo suficiente de mi realidad, me quedo un segundo en tierra de nadie para posteriormente entrar en el terreno de la verdad, porque verás; la realidad es como un lugar, y la verdad es más como un complejo circunstancial, algo que te atraviesa y te divide, que no es estático, algo a lo que no sé qué forma darle, no sé si es como el agua, que viene discreta desde la propia tierra para caer del cielo, no sé si es como el aire, tan transparente y ligero pegada a ti todo el tiempo, no sé si es como la poesía, que le da vueltas al tablero para seguirte el juego, no sé mucho sobre la verdad, pero en este instante puedo contarte que la siento.

 

Querida, después de ti, con las tantas preguntas que me dejó tu partida, me atrevo hoy a no responder ninguna de ellas, sino otra, una que vive en un mundo aparte, en el mundo de la verdad, del porvenir.

 

Al estar más de cerca contigo, me vi más a detalle, con mis aforismos, con mis lunares, mis desmanes, mis muros de cristal, mis líneas de defensa, mis palabras, con todas sus letras, con todo me encontré.

Es cierto que me quedé mucho con lo peor, pero hoy es justo de lo que quiero hablarte, porque hablarte es hablarme y escucharme, que es lo que necesito ahora que quiero saber qué es lo que quiero en realidad. 

 

II

La neblina sigue abajo en el camino, aguardando a los aventurados a cruzar, y ahí vamos, con la aventura de ir con los ojos cerrados, desplazándonos valientes, inciertos.

 

Todo va despertando, parece el momento exacto para decir algo que tenga sentido y no algo para seguir dormitando. Así versa la verdad: 

 

He aceptado, hasta ahora, muchas cosas sobre mí, no sin antes haber pensado en cambiarlas, hasta tiempos relativamente recientes he aceptado cosas mías siempre a condición de intentar mejorarlas. 

Hoy te digo, y no tristemente, ni resignado, que no hay más cambios. (Dirás, con razón, que sí los habrá, pero ya verás a qué me refiero)

 

Que aquel dolor que viene de los tiempos cuando más duelen las cosas, y que aquellas cosas que no termino por asimilar, ni terminan de volver para ser mis últimas normas, no puedo huirle a algo de esas magnitudes. Hoy me rindo, que es, como he entendido, asimilar en manera última.

 

El porvenir, a eso voy. Esta aceptación, la calma, lo nuestro, la verdad. Todo parte de la pregunta y la respuesta. No sé muy bien a donde va todo pero hoy tengo una certeza que se apodera de mí, quiero saber lo que quiero, quiero verlo claro, y ahora me sabe a decir que quiero alguien que se quede, algo que perdure, tierra que no se agriete.

 

Yo sé que nada dura por siempre, que los castillos de arena todos se derrumban, los jóvenes tendemos a decir que queda tiempo, y no le damos tiempo a nada, los viejos dicen que ya se va a acabar todo, siempre con ánimos apocalípticos, y siguen cuidando de sus plantas. Pero yo sé que aunque nada dure, hay que cuidar de las cosas, nutrirlas para que aguanten el invierno, saber, sin embargo, que todo acaba como si nada.

 

Y quiero esto por mi composición tan derruida, he querido huirle a mis grandes males para evitar que me definan, y ya lo han hecho, no puedo ser otro, así estoy: hundido. Lo que me queda después de eso es notar que puedo decidir qué hacer ahora; puedo tenerle miedo por siempre a esto y dejar que me defina para mal, o aceptar que soy como soy, y que lo que me pasó ya no lo puedo cambiar.  Puedo empezar a diseñar el andamiaje para construir algo mejor, algo que en última instancia satisfaga mis más profundas carencias sin caer en los vacíos de mis vicios y en los errores de mis horrores.

Quiero estabilidad, alguien que se quede, tierra que no se agriete.

Quiero la primera porque no la conozco y muy en el fondo siempre he dudado que pueda tenerla. Quiero lo segundo porque no puedo querer otra cosa, quiero alguien para todos los días de mi semana de ocho días, alguien para comprometerme, que sepa que es un gran miedo que no puedo sacudirme, pero lo intento. Quiero alguien que sepa que llevo años diseñando mi casa, y no sé cómo me sentiré mañana por la mañana. Quiero a alguien que sepa lo malo que hay en mí, y me atormento y lo maximizo, quiero a alguien que sepa que me preocupo por eso, que me siento así: aburrido, estorboso, amargado, y que me pone triste eso, por eso leo, para no aburrir; por eso me muevo a todos lados, para no estorbar; por eso quiero tiempo solo, para amargarme bien. Pero no quiero seguir creyendo eso. Quiero tierra que no se agriete, aunque sé que todas las verdades cambian. Solo un cachito de tierra que no se agriete, con un poco de sombra.

 

Quiero eso para el porvenir. Y es la mitad de la guerra ganada, y que bien se siente saber lo que se quiere, y porque se quiere, aunque no se sepa ni como, ni cuando.

 

III

 

El porvenir nunca avisa.

 

Ya la sangre me ha subido a la cabeza. Sé que querer es casi lo mismo que ilusionarse, y el querer lo que yo quiero es una ilusión siniestra, pero poco me ha de importar. 

 

El camino sigue siendo suficientemente largo para dormirse y despertarse varias veces, el porvenir nos va alcanzando.

 

Ya lo descubrirás, y yo no me atreveré a escribirlo de una. Lo descubrirás, o lo sospecharás, lo encontrarás algún día en mi mirada, en mi tono, en mis idas y venidas, en mis escritos, o mirarás las aves, leerás el té, algo en tu cuerpo te lo dirá, me recordarás, lo que te he dicho, lo que no entendías. Esque, querida, la pregunta y la respuesta no son para mí. Me las he arreglado para escribir sin decir nombres toda mi vida, dando vueltas y vueltas. El porvenir, por eso lo hago de esta forma. No tengo contrato con ningún futuro, y la empresa que me ocupa está en el presente. ¿Yo qué voy a saber a dónde llevan los caminos? Yo no sé qué hay detrás de la colina. Esto, todo esto, es mi manera de rendirme y gritar al cielo, el viajar, el mirar por la ventana, el descubrir lo que quiero, parece todo parte de un sueño.

 

Cariño, ¿No lo has notado aún? ¿Has notado ya, que aunque me esfuerzo en negarlo, todo esto es por ti?

Esta es mi manera, muy mía, de decirte que te quiero a ti y quisiera que nunca cambie. Que no sé qué sucederá, apenas voy conociendo la verdad, pero yo, yo que me desgarro y sufro, yo de carne y hueso, con tan pocos muros, como techos, yo sin nada más que mi alma, te digo: te amo a ti.

 

La calma se va ensuciando, mi mente se va dispersando, lo nuestro es algo que voy extrañando, y me quedo en este terreno llano: 

"Que todo sea honesto, que siempre tenga el coraje de soñar y aceptarme como soy”

“Que alguna vez llegue uno a querer lo que necesita, y que siempre pueda escribirte para decirme la verdad”.

“Que siempre tenga la convicción de arribar”

“Que siempre el porvenir sea algo que nos haga avanzar”.

  • Autor: Luis Revo (Online Online)
  • Publicado: 19 de agosto de 2026 a las 20:16
  • Categoría: Sin clasificar
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