Protocolo de Emergencia para la Cabeza

CENIZAS DE UN SUSURRO.

El corazón no es un pájaro herido:

es una bomba de agua rota,

un motor diésel acelerado en neutro,

una fotocopiadora trabada sacando hojas en blanco a trescientas por minuto.

Ansiedad = Imaginación x 1000

                    Oxigeno x 0.2 

La psiquiatría dice que es un desajuste químico,

pero se siente como un asalto sin ladrones.

Un terremoto de ocho grados

donde la casa no se mueve

pero el techo se te viene abajo por dentro.

Llegas a la urgencia a las cuatro de la mañana,

el doctor de turno te mira con cara de lunes:

—Electrocardiograma normal.

—Presión normal.

—Usted no tiene nada.

Gracias, doctor.

El cuerpo está impecable,

pero el sistema operativo se fue a negro.

Vienen los manuales de autoayuda:

"Inhala en cuatro tiempos,

retén en cuatro,

exhala en cuatro".

Como si un incendio en la cocina

se apagará contando hasta diez con los dedos.

La mano tiembla,

el aire cuesta cinco mil pesos el litro,

el pasillo se alarga como un chicle barato,

y la muerte no llega,

pero cobra la entrada.

Y de pronto, nada.

El truco sucio se termina.

El pulso baja a sesenta,

la tormenta se vuelve un charco estancado,

y te quedas ahí, parado en la rutina,

con la frente sudada,

los músculos molidos

y la cuenta de la luz esperándote en la mesa.

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  • Autor: CENIZAS DE UN SUSURRO. (Offline Offline)
  • Publicado: 19 de agosto de 2026 a las 17:58
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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