■■ HISTORIA ( 2 )
● UN MONJE EN GRECIA.
Esto sucedió por el 1.300 D.C.
( Soy hombre en esa vida )
●● Algo normal para la condición espiritual, ya que espiritualmente no tenemos sexo, es en la vida física donde existen estás clasificaciones, como condiciones adaptadas a la vida, un cuerpo, es simplemente un cuerpo, cuando lo puedes ver, desde un estado espiritual, y simplemente es adaptado a la vida en curso, no significa que no debemos valorar su importancia, pero serán siempre, los valores del alma, los que prevalecerán.●●●●●●●●●
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Aquí en esta historia, recuerdo la construcción de las instalaciones de este monasterio, eran blancas pero con un aspecto macizo, columnas firmes y gruesas. Eran edificios no tan altos, quizás de dos o tres pisos, pero muy extendidos y amplios.
Habían unos campos extensos llenos de varios tipos de flores. Ese era nuestro trabajo allí, sembrar, cuidar y recolectar flores.
En esta vida soy un hombre de unos 30 años, siento que no soy tan joven, pero tampoco muy maduro. Usaba traje de monje, en color marrón, creo que ese era el orden que me correspondía. Era un poco divertido en mi grupo y en mi vida.
Aunque la orden era estricta. Y mi vocación era mantenerme cantando himnos y plegarias. Una de mis responsabilidades era limpiar continuamente el terreno de la maleza. Y cuidar que las plantas florales, no fueran afectadas por ningun descuido.
Pero cantarle a las flores era un rito diario y constante, que me gustaba.
También tenia la misión de cortarlas, para entregas que se hacian. Era algo que el monasterio hacia como recurso de sobrevivencia.
Se vendían a la comunidad y a quien las requiriera.
Así conozco una chica, calculo unos 25 años, ¡ para mi, era bella ! ¡ encantadora ! Llegaba siempre con su vestido largo y su pelo sujeto con un pañuelo a modo de cintillo, allí se presentaba siempre muy sonriente para mí.
Yo era el encargado de atenderla, en la entrega y recolección de flores, que ella siempre buscaba, para una tienda que ella atendía en el pueblo.
A mi se me alborotaba el cuerpo y las emociones, al verla llegar.
Ella caminaba junto a mí, entre las flores, por estrechos surcos que habían entre ellas.
Sentia la pasión que me envolvía, al sentirla tan cerca de mí.
Me miraba con seducción y yo ardía en deseo.
Mientras íbamos guiando nuestros pasos hacia lo que deseamos, yo caminaba con mis manos entre los bolsillos, que se sostenían enfrente de mi traje, que como norma religiosa teniamiamos que adoptar, como costumbre religiosa al caminar. Ella llevaba las dos cestas vacias, mientras me seguía.
Así nos alejabamos de la vista de otros monjes, hasta estar internos entre las flores, y entonces, ya no resistiamos más.
Nos miramos, tomados de las manos, mientras sentía la calidez de su piel, la atraje hacia mí, sintiendo el calor de su cuerpo, sintiendo su respiración también ansiosa, sintiendo la forma delicada de su figura.
Y allí debajo de las plantas florales, le dimos libertad a nuestra pasión. Este fuego para mi, era muy emocionante y extasiante, mi corazón palpitaba con fuerza y deseo, y no había ningun razonamiento en ese entregado momento.
Después de tan apasionante experiencia, volvíamos a la realidad, volvíamos a la selección de corte de flores, que luego depositabamos en dos cestas alargadas y grandes, regresando luego por el mismo camino.
Mientras cargaba una de las cestas, caminaba con mi mirada baja y con el temor de haber sido descubierto, ó que se sospechara mi atrevimiento dentro de la orden del monasterio.
Pero siempre parecía todo normal. Me embargaban las emociones encontradas. Ahora debía rezar y cantar más a las flores, para enmendar mi error.
Así veía yo a esta chica alejarse, luego de nuestro encuentro, con otro monje, que le ayudaría a llevar las flores hasta la tienda.
A mi no se me permitió nunca hacer ese trabajo, la veo irse y el corazón se me aprieta tanto, que debo mantener la calma, para no crear sospecha, en los otros monjes del grupo, que a veces me miraban con malicia.
Como me hubiese gustado seguirla, pero solo podía guardar la ilusión de volver a verla.
Era algo que sucedía seguido durante cada semana, y se repetía con extrema emoción. Ese era mi secreto, mi ocultación a lo que practicaba.
Quizás mi falta... mi pecado.
Lo incorrecto con mi compromiso filosófico y sus normas.
Pasó el tiempo y un día vino al monasterio a recoger las flores, otra persona, ¡ ya no era ella !
Ella se había ido del pueblo, algo grave había pasado. Algo grave la había alejado de mí.
Sentí un inmenso dolor, una inmensa perdida. ¡ Como la extrañaba ! ¿ Pero como buscarla ? Me limitaba mi vida, mi encierro, cualquier decisión no dependía de mí, estaba fuera de mi control y era contra mi vocación, y de mi acuerdo con la institución filosofica que practicaba.
Solo me restaba sufrir en silencio, y extrañar su presencia. Refugiarme más en mis cantos y mis oraciones, ¡ eso quizás era lo correcto !
Pienso y siento que esa historia de amor, me convirtio en un monje triste. Quizás más retraído y quizás para muchos, más dedicado a la vocación.
Quizás mi unico escape, era huir de mi mismo. Y asumir mi fé religiosa y filosofica, como mi unica verdad, aunque mi corazón llorara. Solo entonar mi canto y permitirme algunas lágrimas, aliviaban por momentos mi anhelo y mi perdida.
¡ Si, la pensaba y la suspiraba ! ¡ Como la recordaba !
Aún ahora, cuando recuerdo esta historia, siento estos sentimientos.
Pienso que esa vivencia, marco mi existencia en esa vida. Y me dió una madures emocional, de lo que era sufrir de manera diferente. De lo que era el sufrimiento del amor.
Aunque no fuí responsable de lo vivido ni de mis acciones.
Y de lo que pude haber causado en la vida de ese ser, no tuve fuerza para defender, esa oculta verdad.
Aún cuando fue importante para mi corazón, no tuve coraje para cambiar la situación.
Hubieron razones, realidades y consideraciones tan fuertes, a las que no me pude imponer.
Quizás mi educación vocacional y reglamentos impuestos por otros, influyo en decidir lo que parecía más correcto. Ese incidente me embargo por completo, y aunque luche e intente olvidar... terminé paralizando mi razonamiento propio.
Yo era un monje, y ese era el destino con el que me había comprometido. Ningún cambio se consideraba posible, era un sacrilegio, un agravio, una traición a la institución.
Me siento un ser acabado... profundamente melancólico, deseando morir, para escapar de lo que ya no podía sentir... como mi confusa verdad.
Perdí mi fé, aunque luche por aferrarme a ella, me sentía incompleto, el vacio ya no sostenía mis convicciones, y me sentía muy vulnerable emocionalmente.
A menudo buscaba la soledad, para mirar el horizonte... ¡ para llorar mi desconsuelo ! para mirar con suplica al cielo.
Mientras mi alma clamaba con anhelo.
Y, yo... ¡ como deseaba buscarla !
Terminé muy deprimido en esa vida, hasta que comencé a sentirme enfermo, y a aislarme más en mi soledad interna. La muerte del cuerpo era mejor para mí, en esa situación, mi alma deseaba liberarse. Ese era, en ese entonces... ¡ mi mayor deseo ! Me envolvía un sentir de apatía inmenso...
La presión de la institución pesaba demasiado, y eso ya no lo soportaba mi alma, mi vocación ya no tenía propósito.
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●● Epílogo ( 2 )
Esta historia refleja el profundo conflicto entre el deber y el deseo, entre la vocación religiosa y la pasión humana.
El monje, atrapado entre su estricta vida monástica y su ardiente amor por la joven que recoge flores... experimenta emociones encontradas que le llevan al borde del quebrantamiento espiritual.
La rutina de trabajar en los jardines, cultivar y recolectar flores, contrasta con su clandestino encuentro con la joven, donde el deber se disipa momentáneamente ante el impulso de la pasión.
El paisaje del monasterio en Grecia, con sus edificios blancos, robustos y los extensos campos florales, crea un ambiente sereno y pacífico que choca con el torbellino emocional del monje.
Su conexión con las flores no es solo de cuidado, sino también simbólica, ya que ellas representan tanto su dedicación a la vida monástica como el lazo secreto que lo une a la joven.
La joven, con su vestido largo y su encantadora presencia, se convierte en un faro de tentación. Cada vez que se encuentran entre los surcos florales, el monje siente la dualidad de su vida: la devoción a su vocación y la atracción incontrolable hacia ella.
Después de sus encuentros, la culpa lo consume, llevándolo a refugiarse más en sus cantos y oraciones, buscando enmendar lo que percibe como una transgresión.
Cuando la joven desaparece del pueblo, el monje se enfrenta a una pérdida profunda, un dolor que marca su vida de manera irrevocable.
Aunque su deber lo obliga a seguir adelante, su corazón queda atrapado en un amor no correspondido y una añoranza que nunca podrá resolver.
La tristeza lo consume, y su vida monástica, que antes era su propósito, se convierte en su aparente refugio... pero al mismo tiempo, termina siendo su mortal prisión.
Autor. Consuelo Sanchez
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Autor:
Sheilo Sanz (
Online) - Publicado: 17 de agosto de 2026 a las 09:22
- Comentario del autor sobre el poema: En este tema se presenta la dualidad entre el deber y el amor, cuando ambos no pueden tener espacio compartido. Lo que he comprobado a través de mis recuerdos de vidas pasadas, es que cada vivencia te muestra una experiencia diferente, que si se pudiera recordar con normalidad en todos los seres del planeta, tendríamos mejor organizada la estructura de la vida, de manera social y familiar. Estaríamos más sufrimiento y seriamos más felices, creando más propósito verdadero en lo que vivimos. Espero les guste esta historia 🙏 Y agradezco a todos su apoyo. Mis historias tienen contenido filosófico, que muestran la sensibilidad emocional del alma, mi propósito es mostrar lo humano y espiritual que somos, sí, somos capaces de sentir la vida con consciencia propia. Pienso que cada vida debería enseñarnos a elevar nuestra realidad espiritual, pero el olvido o la amnesia, siempre influye de una vida a otra. Nuestra memoria es infinita, y está repleta de información vivencial, como de errores y aciertos, y continuará almacenando información de nuestra vivencia eternamente. Gracias por compartir conmigo esta memoria inmortal. Porque eso son los recuerdos, algo que siempre existirá en nuestra mente, aunque aparentemente no se les recuerde. Sheilo Sanz
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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