Ocaso palpitante; con escombros fue arrebatado. El brillo de sus ojos marchitó su nombre. Junto al mío está un silente y sutil sentir, pues complejo es amar y qué bello es morir; morir poco a poco, a flor de piel, sin tacto, ni un cómo, ni un porqué.
Sospechoso el hecho del destino: llegó sin destinatario y dejó muchos líos. Cambió el orden ya compactado y dejó guiarse por rencores añejados. Tu nombre roza la existencia de la sensación de extraño, pues no hay día que no te piense y no hay noche que no te odie. Tal vez te olvide, tal vez te sueñe. Si es así, te veo luego; si no, espero nunca volver a hacerlo.
Convivo con su sombra; día a día, translúcido es su sentir, pues el olor de su alma pinta cada paso que sigo, con recuerdos fotográficos de la más bella demostración de amor. Pues ese día, el péndulo del tiempo se detuvo y pudimos ser dos almas fusionadas en la infinita sinfonía de la pasión: una llama ilustre que me ilusiona cada vez que la veo. Pero, sin importar el consuelo, vuelvo a caer en las mentiras del arma bendita para el hombre, totalmente suyo e inefablemente mía. Te apareces en las noches y no te encuentro por el día.
No me mires, oscuridad sin nombre, vacío lleno de nada, corazón con cáscara. Tus ojos pechiches me asustan; ya se te cayó la máscara. Muñeca del destino, yo no jugué contigo. Fui tu trapo de sentimientos y juguete depresivo. Buscaba amor de sobra y me alimentabas con sobras de amor; como paloma a las migajas, como espinas a la flor. Sangré tantas veces que las cicatrices llevan tu nombre: invisible, pero se siente en cada golpe del odio y el rencor.
Quizás algún día deje de buscarte en rostros ajenos, de encontrar tu recuerdo en canciones que ya no escucho y de sentir tu ausencia en lugares donde nunca estuviste. Quizás el tiempo consiga borrar poco a poco aquello que mis manos no pudieron soltar, y tu nombre termine siendo apenas un eco perdido entre tantos recuerdos. Pero mientras ese día llega, seguiré cargando con lo que fuimos, con lo que quisimos ser y con todo aquello que nunca llegamos a decirnos.
Quizás te odie por no amarme, quizás me odie por pensarte, por recordarte, quizás algún día consiga olvidarte, o quizás aprenda a vivir sin encontrarte. Pero jamás podré odiarte, si ni odiándote dejo de amarte.
-
Autor:
Mateo Mieles. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de agosto de 2026 a las 02:44
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.