El Amor Que No Sabe Morir
Padre, desde que te fuiste
la casa aprendió otra forma del silencio.
Hay una silla que conserva tu sombra,
una puerta que parece esperarte,
y en las horas más hondas
tu nombre cruza lentamente por los cuartos.
Yo no sé dónde comienza la muerte
ni en qué lugar termina la memoria.
Tal vez morir sea solamente
cambiar de habitación en el universo,
dejar el cuerpo como quien deja un abrigo
cuando llega la noche,
y continuar de alguna manera
en aquello que amamos.
Dime, padre, si allá donde estás
existe todavía la ternura,
si alguna luz conoce tu camino,
si el tiempo también envejece
cuando ya no tiene relojes.
Porque aquí el tiempo continúa,
pero camina diferente.
La mañana llega con su pan y su ruido,
los árboles siguen levantándose hacia el cielo,
la lluvia golpea los cristales,
y yo sigo encontrándote
en pequeñas cosas que no saben morir.
Te encuentro en la manera de mirar una tarde,
en ciertas palabras que quedaron contigo,
en el recuerdo de tus manos,
en esa antigua paciencia
con que enseñabas al mundo
a parecer menos terrible.
Quizá la muerte no sea un abismo, padre,
sino una puerta que nosotros no sabemos abrir.
Quizá detrás de ella
no haya nada,
o haya una inmensa claridad
donde todas las despedidas
dejan finalmente de doler.
Yo no puedo saberlo.
Sólo sé que tu ausencia pesa
como pesa la noche sobre los tejados,
pero también sé
que mientras alguien pronuncie tu nombre,
mientras una memoria te devuelva a la luz,
mientras mi corazón encuentre
una razón para recordarte,
no estarás completamente lejos.
Porque hay hombres que mueren una sola vez
y otros que siguen muriendo
cada vez que alguien los olvida.
Tú, padre,
quédate entonces conmigo
en ese territorio invisible
donde viven los que amamos:
no como una sombra,
sino como una raíz profunda
que nadie puede arrancar de la tierra.
Y si alguna vez existe
un lugar más allá de esta vida,
si existe una casa después de todas las casas,
si allí llegan las voces que perdimos,
espero que cuando pronuncie tu nombre
puedas escucharme.
Yo seguiré aquí,
mirando hacia la noche,
preguntándole al cielo
qué es la muerte.
Y quizá la respuesta
sea simplemente esta:
que el amor, cuando es verdadero,
no sabe morir.
—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Diciembre, 2015.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Online) - Publicado: 17 de agosto de 2026 a las 00:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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