El signo de la lluvia
En el ala nocturna de la ola,
tu corazón, junto al mío,
es una gota de estrellas
que se desprende de la noche
y vuela sobre el agua
como una paloma azul.
Entonces se llenan de alas mis días
y mi pecho aprende a levantarse
hacia la luz que nace de tu presencia.
Pones la tierra de tus manos
sobre el trigo de mis labios
y escribes, lentamente,
en los años de mi vida.
Tus aguas llegan hasta mí
con la suavidad de una almendra,
con esa dulzura secreta
que sostiene tus sueños
como una fruta suspendida
sobre el agua.
Y allí, en el silencio de tu cuerpo,
los pequeños navíos de la noche
buscan la desembocadura
de un río que todavía no tiene nombre.
Me adentro en tu fragancia,
en esa fruta desconocida
que madura bajo la sombra
de los árboles nocturnos.
Hay un nexo entre tu pasión
y la oscuridad de la tierra,
entre tu respiración
y el signo quemante de mi agricultura.
Porque también mi cuerpo es tierra
cuando te recuerda.
Yo viví en tus surcos,
no como quien posee la tierra,
sino como quien aprende a habitarla,
siguiendo las líneas del agua
que atraviesan tu silencio.
Y allí comprendí
que amar es dejarse sembrar
por aquello que no podemos retener.
Te amo bajo la primera lluvia,
cuando junio abre sus relámpagos
sobre los campos
y la tierra vuelve a respirar.
Te amo bajo esa dulzura
que no termina de decirse,
cuando tu cabellera
parece descender del cielo
y convertirse en estrellas
sobre mi noche.
Entonces te quiero
como se quiere al agua
cuando llega después de la sequía:
sin preguntas,
sin posesión,
solamente permaneciendo
bajo su caída.
Tú,
manantial de estrellas,
agua primera,
naciendo en la profundidad
de un universo
que comienza otra vez
cuando te nombro.
-
Autor:
José Honorio Martínez Ochoa (
Online) - Publicado: 17 de agosto de 2026 a las 00:04
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1
- En colecciones: Poemas de amor.

Online)
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