Supongo

Alberto Escobar

 

Cuando el calor permanece de noche acaba produciendo en el viandante la sensación de que el sol sigue reinando, aunque en la trastienda. Este introito viene porque he recordado de repente a Manuel, camino a casa, con el sudor inundando las axilas. Fue el sábado pasado, en Maquiavelo, una preciosa terraza, el río cerca, y lo vi solo, necesitando compañía —como yo, como cualquiera—. No quise acercarme, me apeteció quedarme allí, con mi cubata en la mano, despacio, viendo cómo se expresaba, adivinando quién es, su lugar de procedencia, si está aquí por negocios o por placer. Parecía divertirse, bailaba poco, como siguiendo la manada por no quedarse fuera, miraba a todos los lados, girando el cuello sobre su eje —me recordó el faro de Chipiona—, avizor de alguien que le impulsara hacia delante, a hablar, a sacar de dentro todo el amor que supongo que tiene, intacto, como yo. 
Después de un buen rato observando me entraron ganas de acercarme, pero aguanté, como el que contiene el impulso de devorar un manjar riquísimo por hacerlo eterno. 

 

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  • Autor: Albertín (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 16 de agosto de 2026 a las 17:42
  • Comentario del autor sobre el poema: La observación es el germen de la ciencia.
  • Categoría: Cuento
  • Lecturas: 1


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