No empieza con el golpe,
empieza con la sed:
un hueco detrás de la garganta
que no pide agua ni pan,
sino la forma exacta de cerrarse.
La mano ya conoce el camino en la sombra.
No duda, no pregunta, no tiembla,
obedece al pulso ciego que va ganando terreno
entre la sien y la yema de los dedos.
La materia entra
y durante diez segundos
el mundo pierde sus esquinas:
la sangre se aquieta,
la cabeza deja de empujar contra los huesos
y hay una paz postiza,
redonda y lisa.
Pero el alivio dura lo que dura el aire.
Cuando el efecto se retira,
no deja el cuerpo vacío:
lo deja más estrecho,
con la mandíbula apretada contra la nada
y el reloj goteando despacio,
haciendo sitio.
Antonio Portillo Spinola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de agosto de 2026 a las 04:40
- Comentario del autor sobre el poema: Hay heridas que no se ven y mordeduras que no dejan marca en la piel. «La mordedura» entra en ese territorio oscuro donde el deseo se confunde con la necesidad y el alivio dura apenas lo que tarda el aire en desaparecer. Un poema sobre la adicción, pero también sobre ese instante en que el cuerpo aprende un camino del que después cuesta regresar.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 76
- Usuarios favoritos de este poema: Texi, FRANCISCO CARRILLO, Nelly Cevallos - Liora, Rosario_Bersabe, Mauro Enrique Lopez Z., JUSTO ALDÚ, Salva45, Antonio Pais, Rafael Escobar, Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, alicia perez hernandez, RIVAS JOSE, LuJITar, EmilianoDR, Enmascaradodelapoesia

Offline)
Comentarios2
Hola, Antonio.
Es inquietante la precisión con la que describes ese instante de alivio: diez segundos en los que el mundo pierde sus esquinas y aparece una paz que tú mismo llamas postiza. Después todo vuelve, pero el cuerpo ya ocupa menos espacio dentro de sí mismo.
Y ese reloj goteando al final deja una sensación durísima: la espera comienza otra vez.
Un abrazo, poeta.
— LIORA
Gracias, Liora. Has leído el poema desde ese lugar al que yo quería llegar: no tanto la sustancia como ese instante en que el alivio parece prometer una salida y, sin embargo, empieza a cerrar la trampa. Me alegra especialmente que hayas reparado en el reloj del final. A veces la verdadera mordedura está precisamente en esa espera que vuelve a empezar.
Un abrazo, poeta.
A veces uno no cree lo que le pasa o ve y eso es tan hondo que le causa heridas. No hay duda de eso. Y esas heridas duran, duran tanto que la espera misma es una herida
Saludos
Gracias, Justo. Esa última frase que escribes toca precisamente el fondo del poema: cuando la herida permanece, la espera deja de ser un tiempo vacío y se convierte en otra forma de dolor. A veces lo más difícil no es la herida, sino saber que volverá a doler.
Un abrazo, poeta.
Buen domingo compañero.
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