La mordedura

Antonio Portillo Spínola



 

No empieza con el golpe,
empieza con la sed:
un hueco detrás de la garganta
que no pide agua ni pan,
sino la forma exacta de cerrarse.

La mano ya conoce el camino en la sombra.
No duda, no pregunta, no tiembla,
obedece al pulso ciego que va ganando terreno
entre la sien y la yema de los dedos.

La materia entra
y durante diez segundos
el mundo pierde sus esquinas:
la sangre se aquieta,
la cabeza deja de empujar contra los huesos
y hay una paz postiza,
redonda y lisa.

Pero el alivio dura lo que dura el aire.

Cuando el efecto se retira,
no deja el cuerpo vacío:
lo deja más estrecho,
con la mandíbula apretada contra la nada
y el reloj goteando despacio,
haciendo sitio.

Antonio Portillo Spinola ©

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Comentarios2

  • Nelly Cevallos - Liora

    Hola, Antonio.

    Es inquietante la precisión con la que describes ese instante de alivio: diez segundos en los que el mundo pierde sus esquinas y aparece una paz que tú mismo llamas postiza. Después todo vuelve, pero el cuerpo ya ocupa menos espacio dentro de sí mismo.

    Y ese reloj goteando al final deja una sensación durísima: la espera comienza otra vez.

    Un abrazo, poeta.

    — LIORA

    • Antonio Portillo Spínola

      Gracias, Liora. Has leído el poema desde ese lugar al que yo quería llegar: no tanto la sustancia como ese instante en que el alivio parece prometer una salida y, sin embargo, empieza a cerrar la trampa. Me alegra especialmente que hayas reparado en el reloj del final. A veces la verdadera mordedura está precisamente en esa espera que vuelve a empezar.
      Un abrazo, poeta.

    • JUSTO ALDÚ

      A veces uno no cree lo que le pasa o ve y eso es tan hondo que le causa heridas. No hay duda de eso. Y esas heridas duran, duran tanto que la espera misma es una herida

      Saludos

      • Antonio Portillo Spínola

        Gracias, Justo. Esa última frase que escribes toca precisamente el fondo del poema: cuando la herida permanece, la espera deja de ser un tiempo vacío y se convierte en otra forma de dolor. A veces lo más difícil no es la herida, sino saber que volverá a doler.
        Un abrazo, poeta.

        • JUSTO ALDÚ

          Buen domingo compañero.



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