La ciudad que el tiempo no pudo borrar
Frente al mar, donde el sol deja su huella,
nació una ciudad de piedra y campana;
y el alba, sorprendida por tan bella,
sembró su primer sueño en tierra istmeña.
Llegaron las carretas y los mares,
las voces de ultramar y los pregones;
y el puerto fue juntando sus cantares
como quien junta mundos y estaciones.
Por tus calles pasó la vida entera,
con sus metales, cruces y navíos;
la ambición caminó sobre tu acera
y el oro hizo más densos los caminos.
Pero la historia tiene sus mareas:
ningún poder conoce la permanencia;
hasta la piedra aprende que las guerras
son breves frente al pulso de la tierra.
Después llegó la noche con su fuego,
y ardieron tus balcones y tus casas;
la muerte caminó detrás del miedo
y el humo puso luto sobre el alba.
Mas no murió la ciudad bajo la brasa:
quedó su corazón entre las piedras;
porque una ciudad no acaba cuando pasa,
si deja su memoria entre las venas.
Hoy crecen tus ruinas hacia el cielo,
con torres que sostienen la distancia;
el musgo escribe sobre cada muro
la lenta biografía de la esperanza.
Y cuando el viento cruza tus arcadas,
parece que regresan los antiguos:
la voz de algún pregón entre las ramas,
el paso de los hombres por los siglos.
Panamá la Vieja, ciudad primera,
tu nombre es una lámpara encendida;
tu ruina no es derrota: es la manera
que tiene la memoria de estar viva.
Hoy, en tu aniversario, el mar escucha
y el tiempo se detiene ante tus muros;
porque hay ciudades que se vuelven polvo
y hay otras que se vuelven patrimonio.
Tú eres la piedra que recuerda al hombre,
la herida que la patria hizo memoria;
y mientras Panamá pronuncie tu nombre,
tu ruina seguirá contando historia.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de agosto de 2026 a las 02:27
- Comentario del autor sobre el poema: En memoria de Panamá la vieja, a sus 507 aniversario. La primera ciudad fundada por europeos en la costa americana del océano pacífico.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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