Solo sé tu nombre.
Lo demás es apenas el espacio que la imaginación abre entre una palabra y otra.
Conozco la dulzura de tu voz, esa calma con la que las palabras parecen encontrar su lugar.
Y conozco también tu acento. Hay algo en esa R que no termina de pronunciarse: se queda un instante en el aire, como si el idioma quisiera demorarse solo para seguir escuchándote.
Me hablaste del aceite de coco, de su aroma, de cómo se queda sobre la piel. Fue una conversación cualquiera, y, sin embargo, desde entonces el coco y la miel dejaron de ser simples aromas: ahora tienen el sonido de tu voz.
No sé si tus ojos brillan como dicen las estrellas. Prefiero pensar lo contrario: que las estrellas, cuando nadie las mira, ensayan la forma de parecerse a ellos.
Imagino tu cabello largo como un río que ha aprendido la paciencia de las montañas; desciende sin prisa, como si el tiempo hubiera encontrado en él su manera más hermosa de caer.
Qué extraño. Apenas sé unas cuantas cosas de ti y, sin embargo, algunas conversaciones abren ventanas donde uno esperaba encontrar paredes.
Quizá eso sea conocerse: no llenar los silencios, sino descubrir que también ellos pueden decir un nombre.
Y el tuyo, sin proponérselo, ha empezado a quedarse un poco más de lo que imaginaba.
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Autor:
Miguel Aiuqrux (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 16 de agosto de 2026 a las 01:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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