Voy a comer

Alberto Escobar

 

 

Escribo y luego como.
Ciertas mañanas
corro en un parque 
al levantarme, 
el hambre no despierta
sino después, en casa,
cuando el cuerpo
se hace cuenco. 
No lo sé. 
Me dio por correr
un día, antes 
de desayunar, 
un día de cuyo
número no consigo
acordarme. 
No lo sé. 
Acabo de dormir,
estoy despierto en teoría,
la inspiración levantará
en breve la persiana, creo. 
No lo sé, empiezo y veré. 
Siento una especie 
de dulce convalecencia, 
como el que todavía
no ha despertado,
como el que no sabe
de qué va el mundo. 
Tiro de algún hilo
suelto, uno que veo
sobrenadando la duda,
tiro a ver qué 
se desmadeja detrás. 
No sé, escribo 
al dictado, un impulso
me lleva como viento
bonancible a donde quiere.
Cuando cese volveré
al inicio, releeré despacio,
daré con mis manos
la forma que lleva dentro. 
Tengo hambre, resisto,
modelo el barro 
extraído de dentro, 
y evito que si lo dejo,
tarde, se haga piedra.
Confío en las reservas
que mis células aún tienen,
olvido la señal, la mirada
clavada sobre el blanco, 
falta poco, repaso. 
Le pongo un nombre, 
lo abandono, que se cueza. 

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  • Autor: Albertín (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 11:25
  • Comentario del autor sobre el poema: Una teoría religiosa, ¿o diría teológica?
  • Categoría: Religioso
  • Lecturas: 1


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