¡Querido hijo!
Hoy inicias un nuevo camino en tu vida, el cuál te alejará físicamente de mí. Para mí representa un conjunto de sentimientos encontrados. Por una parte, me llena de orgullo ver a mi primer hijo convertido en un hombre con la mente preñada de sueños, presto a dar una de sus mejores batallas para aprender a enfrentar la realidad de la vida. Por otra parte, me llena de temor no poder estar a tu lado para socorrerte, en caso de que físicamente necesites de mi cercanía.
No sé como decirte tantas cosas que llevo dentro porque las palabras nunca podrán expresar el amor que te tengo, igual que el que me une emocionalmente a cada uno de mis hijos.
Quiero iniciar diciéndote que no sólo eres mi primer hijo. Eres la persona que se ubica exactamente equidistante entre el recuerdo de mi padre y el padre que me ubiese gustado poder ser para ti. De ti aprendi muchas cosas: aprendí que la vida es un reto, hay que caminar confiado y decidido, aún cuando no conozcamos el camino. Con tigo aprendi que muchas veces, en el teatro de la vida, debemos ser los protagonistas de la historia , hacer nuestro mejor papel, pero sin guión que pudiéramos haber ensayado previamente. Me enseñaste a tropezar, a levantar el pie, a llorar en silencio y ocultar mis lágrimas. Me enseñaste a lucir fuerte, sólo para que te sintieras seguro; aunque por dentro estaba más destruido que un cristal que había caído al suelo desde el abismo.
Quiero aprovechar la ocasión para pedirte perdón por los largos momentos donde no estuve presente. Sin embargo, te aseguro que desde que naciste, no has estado ni un segundo lejos de mi corazón. Naciste en un momento muy duro para mí, en todos los sentidos. Fuiste la pieza que estabilizó la balanza donde yo estaba prendido, rozando el suelo, haciéndome probar el sabor del polvo, el miedo, el dolor, la incertidumbre, la pena de luchar entre lo que se quiere y lo que se debe hacer. Me enseñaste a poner mis preferencias en segundo plano porque ya eras lo primero para mí. Así será siempre, hasta el momento en que me toque ir a otro plano existencial. Sólo espero que cuando llegue ese momento, yo habré calado tanto en ti, en tu formación, en tu personalidad, que cuando te encuentres en una situación que no sepas como resolver, te acuerdes de mí y descubras que siempre hay una forma de hacerlo; y que la mejor forma es la correcta, la que le agrada a Dios.
Hoy que te preparas para irte lejos, te pido que lleves contigo todos los principios que sé te han convertido en un hombre de bien, una persona capaz de progresar con humildad y ser un hombre de bien en la sociedad. Espero tengas presente que confío plenamente en ti. Se de tus capacidades y buena voluntad. Tu techo no tiene límites. Tus alas son fuertes y están listas para volar. Ve con Dios y realiza tu mejor vuelo. Yo estaré orgulloso de quedarme aquí plantado viéndote conquistar las alturas.
Quiero que sepas que cada día, al despertar, lo primero que haré será enviarte la bendición para que donde quiera que estés, algo mío te acompañe y te haga brillar delante de los ojos de Dios. Si en lo adelante, debo vivir de rodillas para que tú te mantengas de pies, así lo haré. Siempre le pediré a Dios por tu bienestar, por tu protección, por que te permita lograr tu sueño; y sobre todo, porque te permita conocer el amor. Le pido a Dios te conceda una buena compañera, que te ame, que te respete y te admire; con quién tú puedas ser un verdadero caballero. Cuando esa persona llegue a tu vida, puedes estar seguro que recibirá mi bendición, y para mí será una nueva hija.
Cuando lleguen tus hijos, debes ser responsable y proveerles, protegerlos, amarlos, cuidarlos, ser un ejemplo para ellos y motivo de admiración; pero quiero pedirte que no cometas el error que yo cometí. Disfruta de tus hijos más que de cualquier otra cosa en la vida; porque ellos crecen, y así como tú hoy emprendes un largo viaje, así ellos también alzaran su propio vuelo, y a ti te tocará quedarte aquí donde estoy yo plantado, sólo echándole la bendición y pidiendo a Dios una plegaria para ellos.
Quiero pedirte también que nunca olvides tus raíces. No dejes de comunicarte con tu madre y con tus hermanos. Ellos también te aman igual o más que yo; y tu ausencia le impactará en el alma.
También quiero que tengas siempre presente, que mientras yo viva, siempre tendrás a un padre dispuesto a dar la vida por ti, todo, hasta el último aliento. Uno de mis temores ha sido siempre, que uno de mis hijos tenga alguna necesidad material, afectiva o espiritual que yo no pueda satisfacer. Quiero que sepas, que el yo no pueda estar a tu lado, me llena de angustia, al pensar que algo pudiera estar pasando alrededor de ti, y yo no poder estar a tu lado para compartir la carga. Así que te pido, que cuando necesites algo, ya sea material; o sencillamente, sentir a tu lado a la única persona que te ama, aún antes de tú caer en el vientre de tu madre, acudas a mí, que yo haré lo indecible por acudir en tu auxilio.
Hoy te bendigo y te presento ante los ojos de Dios, para que cuando la distancia nos separe, él te guíe y te conduzca por camino seguro, que te dirijan hacia el bien, y sobre todo al lugar donde recibas paz.
Que Dios te bendiga grandemente, querido hijo; y nunca, pero nunca olvides que estaré aquí para ti con los brazos abiertos; con la esperanza de recibir la única recompensa que anhelo, un abrazo y verte otra vez retornar a mi lado.
¡Dios te bendiga!
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Autor:
Pedro Pérez Vargas (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 11:15
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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