Enclavado en la sombra de un vacío,
sin la fe que consuela, sin el vicio que arde,
ajeno al ego, a la ambición y al frío,
dejó correr el tiempo sin hacer el alarde.
«¿Para qué engendrar?», pensaba en la deriva,
«¿qué legado se entrega cuando nada se ansía?»
Desconocía la simiente que la historia cultiva,
que de la misma Tamar el Redentor nacería.
Quizás, si el misterio le hubiese revelado
el sol que en su estirpe aguardaba dormido,
un hijo en sus brazos habría acunado,
cambiando el rechazo por un frágil latido.
Pero no buscó la gloria, ni entendió la promesa,
permaneció en el centro de su propia apatía,
sin saber que el Gran Juez, en su santa rudeza,
borrando su aliento, su nombre fijaría.
¡Oh, trágica paradoja del que nada buscó!
Por estar entre aquellos que la ira tocó,
el hombre sin causa, que la gloria esquivó,
grabado en los siglos por siempre quedó.
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Autor:
mauro marte (
Online) - Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 09:13
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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