Ese olvido
Pasamos
uno junto al otro,
y sin advertirnos.
A veces quiero regresar sobre los pasos dados.
Ver lo que no pude ver porque desvié la mirada, porque me distraje en el olvido, porque crucé una calle mientras alguien me miraba, o porque tenía sed y no presté atención mientras sorbía el agua de un vaso.
Todos estamos ciegos. Hay una intención que no nos pertenece, que ciega lo mirado y a quien lo mira. Lo invisible nos acecha.
Volver la vista atrás: esta torsión incierta que me deja el cuello herido.
Mezclarme otra vez con las cosas que se tiñeron de mí sin saberlo, y yo de ellas sin que lo supieran. Pero esta vez con los ojos abiertos.
¿Acaso los tenía cerrados cuando pasé por aquella calle?
¿Quién dice que ahora podré verlo todo?
¿Pretendo estar ajeno a la distracción, a la extrañeza y a la belleza?
¿Al ruido de un motor que ya se aleja cuando lo escucho?
¿Al grito anónimo que clama escucha?
¡Ah, cuánto desea uno el dulce cuando ya no está en el paladar! El calor o el frío que apenas advertimos mientras caminamos por las calles con las manos en los bolsillos, poseyéndolo todo y sin asirlo.
El pasado nos alcanza.
¿Regresar u olvidar? No es posible.
Solo se poseen los restos mientras caminamos.
Me siento como un árbol de raíces profundas. Sus hojas vuelan con el viento, caen y son devoradas por la tierra misma, lejos de sus ramas.
Esta condena de estar plantados como la muerte mientras buscamos la vida.
Allá lejos hay una voz que me llama a un destino que presumo conocer.
Se sirve de mi lengua y de mi ceguera para arrastrarme a la otra orilla, como una barca sin remos.
Yo soy su instrumento.
Ella, mi voluntad.
No me retengáis, amigos; dejadme regresar a ese olvido.
Ricardo Castillo
De: Cuadernos perdidos (ca. 2022)
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Autor:
Axioma (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 01:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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