Los Que Nacimos Para Amar

Luis Barreda Morán

Los que nacimos para amar

Me tocó nacer con el corazón
sin puertas,
sin cerrojos,
sin ese pequeño mecanismo
que algunos llaman prudencia.

Nací con las manos abiertas
y el alma dispuesta,
como quien llega a la vida
sin sospechar que también existen
las despedidas.

Por eso amo así:
con la imprudencia de la lluvia,
con la obstinación de las raíces,
con esa hermosa locura
de quien sabe que puede perder
y, aun así, se queda.

Hay algo en mí
que se despierta cuando tú llegas.
Una criatura antigua
corre por mis venas,
enciende las habitaciones del cuerpo
y deja mi sangre
llena de pájaros.

No sé amar a medias.

No sé ponerle límites
a lo que siento,
ni enseñarle a mi corazón
a entregar solamente
lo que le sobra.

Cuando amo,
pongo sobre la mesa
mis noches,
mis cicatrices,
mis sueños más secretos,
la parte de mí
que todavía cree
que alguien puede quedarse.

Y sí,
alguna vez me han roto.

He recogido mis pedazos
con la paciencia de quien recoge
los cristales de una ventana
después de la tormenta.

Pero jamás me arrepentí.

Porque peor que el dolor
es vivir sin haber ardido nunca;
peor que una herida
es pasar por este mundo
sin haber sentido
que otro ser humano
podía hacer temblar
las paredes de tu alma.

Tú quizá no comprendas
esta manera mía de entregarme.

Tal vez para ti
amar sea caminar con cuidado,
guardar una parte del corazón
por si acaso.

Para mí no.

Yo quiero el amor
que se atreve a quitarse la armadura,
el que entra desnudo en la noche,
el que no pregunta cuánto puede perder
antes de comenzar a vivir.

Porque amar
no es salir ileso.

Amar es aceptar
que alguien tendrá las llaves
de ciertas habitaciones
que nadie más conoce.

Y aun así abrirle la puerta.

Algún día,
cuando encuentre unas manos
que no quieran poseerme
sino acompañarme,
unos ojos que sepan mirarme
sin pedir que deje de ser quien soy,
una boca que diga mi nombre
como si pronunciarlo
fuera también una forma de abrazo,

entonces sabré
que todas aquellas lágrimas
no fueron desperdicio.

Que cada decepción
me estaba enseñando
el idioma de la esperanza.

Que cada despedida
me acercaba, lentamente,
a ese amor capaz de quedarse.

Y cuando llegue,
no le entregaré un corazón perfecto.

Le entregaré este:

el que ha sobrevivido,
el que todavía sueña,
el que aprendió a levantarse,
el que conserva cicatrices
pero no ha perdido la ternura.

Porque, después de todo,
qué hermosa manera de estar vivo
es haber amado tanto
que, incluso después de la tristeza,
uno todavía tiene ganas
de volver a amar.

Y si alguien me pregunta
qué me tocó en esta vida,

no diré que fui ingenua,
ni que fui débil,
ni que perdí demasiado.

Diré solamente:

me tocó sentir,
me tocó entregar,
me tocó esperar.

Y tuve la fortuna
—esa extraña y luminosa fortuna—
de pertenecer
a los que todavía
se atreven a amar.

—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA
Octubre, 2017.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 15 de agosto de 2026 a las 00:45
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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