En la cima del monte, silente,
aguarda el mortal su destino,
temiendo la sombra doliente
que cruza veloz su camino.
¡Ah! Miedo insondable
del alma insegura,
que busca en la altura
la luz del fulgor,
y encuentra la noche,
violenta y bravía,
que apaga la guía
de su afán mayor.
¿Qué monstruo veló las esferas
con negro y funesto capuz?
¿Qué culpa trajo la ceguera
que roba al mortal tanta luz?
Es el odio cobarde, la duda,
la ruina que acecha fatal,
que deja la vida desnuda
bajo un cielo de hierro y del mal.
«¡Mirad la tiniebla!
Ya viene, ya avanza,
matando el reflejo
de la esperanza.
Misterio profundo
de angustia y pavor,
que inclina la frente
del triste orador.»
Admiramos la vasta tiniebla
con un ansia revuelta en rencor,
parciales, perdidos en niebla,
confundimos error con amor.
Nadie huye del disco sombrío
que al pecho le viene a oprimir:
un eclipse de helado vacío
que a todos nos ha de medir.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de agosto de 2026 a las 12:14
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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