Hubo un árbol donde planté nuestra historia
Subía y con mis dedos, acariciaba la corteza.
Esta se ablandaba y con sus ramas,
me alzaba hasta su copa.
Entonces le escribía versos en las hojas
Esperando las flores más hermosas.
Podía hablarle al cielo de tu nombre
y contarle las veces que abracé tu sangre
cuando devoré tus miedos,
cuando abracé el filo de tus dedos.
Tuve que comprender que en este valle
las hojas estaban destinadas a caer
y sus remolinos se quebraban al rozarse.
Cedí, me enredé en tu cabello,
me mareé como una hoja sobre el agua,
me pulvericé, dispersa en mi morada.
Reuniste cada fragmento de mí
e intentaste vagamente reconstruirme
pero olvidaste mis hojas,
Los versos que te escribí.
Y tus dedos afilados
ya no podían sostenerme.
Y yo, mecida en tu voz,
Enriquecida en tu calor,
me prendí fuego, incendié mi bosque.
Y yo, cómo último acto de amor,
abandoné los restos de aquel dolor.
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Autor:
Vega (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de agosto de 2026 a las 01:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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