Señora Santa Ana

Azahel Zagal García

¡Perdóname señora!

 

Por atreverme a dibujar en versos 

la huella que marcó mi paso 

por los senderos de  tu piel morena

y el rugoso suelo de  tus montes

del pálido azul del manantial de tu milagro 

 

Por querer olvidar de tus  raíces 

las humildes caricias deshojadas

de la cuna amorosa de tu estirpe

 

Por no entender de tu apacible lecho 

el llamado de paz y de concordia 

exaltado en silencio por ancestros

sin buscar en la pasión elogios memorables 

 

¡Perdóname señora!

 

Por no discernir del poder de tus entrañas 

la tangible fuerza que encadena

el espacio original de la memoria 

dónde se oculta mi voz recién nacida 

y el aliento enajenado de la infancia

 

Por abrir el baúl de la nostalgia 

que guarda la orfandad de la inocencia 

la alegría y el tedio de aventuras 

del breve espacio de renuevos pubescentes 

que nunca al quebranto se rendían 

 

¡Oh señora mía!

 

Rotas las bridas de tradición extinta

escapa del corral el toro de once

los jinetes olvidaron las manganas 

y el  gracioso ondear de las mantillas

quedó escondido en el corazón de  tus  guananchas

 

De perfumes y canto adolelecen las promesas 

el incienso de los rezos se ha esfumado 

las pastoras se escuchan asonantes 

y en el atrio los moros se han  cansado 

 

Envejecieron los gritos de las  rifas 

se acabaron en los puestos las vendimias 

de aguas frescas, tamales de frijol, pozole y enchiladas 

 

Ya no se escucha el tortear en las cocinas 

ni se observa el humo de hornos y fogones

formando estatuas con destino al infinito 

 

Tiempos de entonces de colores mágicos 

de días feriados y augurales soles 

y aquella plaza de empedrada joyería

vestía orgullosa sus mejores trajes 

 

¡Te pido perdón!

 

Por ese vano intento de querer revivir historias de otros días 

que escribieron pensadores infantiles 

en pizarras de testa encanecida 

 

Por aquellos constructores de ilusiones 

que rascaban los vientos con alegres papalotes

y con zancos de madera surcaban las alturas 

para encontrar entre las nubes sus  canicas 

 

Era preciso contar con resortera

cazar en los sembrados las güilotas 

jugar con trompos y gallitos zumbadores

y realizar competencias con carritos de hojalata

 

Eran las niñas de ingenio prodigioso

querían llegar anhelantes a ser madres 

fabricar sus trastecitos de cocina 

muñequitas de trapo y rehiletes giradores 

 

¡Por eso señora mía, perdóname!

 

Porque ese tiempo de entonces 

se quedó con nuestra herencia portentosa

y no puedo enmudecer ni aterir mi pensamiento 

ante el inmortal deseo de amar tus tradiciones

de sentir tristeza 

y aceptar tolerante nuevos tiempos.

 

 

 

 

 

  • Autor: Azahel Zagal García (Offline Offline)
  • Publicado: 13 de agosto de 2026 a las 11:45
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1


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