¡Perdóname señora!
Por atreverme a dibujar en versos
la huella que marcó mi paso
por los senderos de tu piel morena
y el rugoso suelo de tus montes
del pálido azul del manantial de tu milagro
Por querer olvidar de tus raíces
las humildes caricias deshojadas
de la cuna amorosa de tu estirpe
Por no entender de tu apacible lecho
el llamado de paz y de concordia
exaltado en silencio por ancestros
sin buscar en la pasión elogios memorables
¡Perdóname señora!
Por no discernir del poder de tus entrañas
la tangible fuerza que encadena
el espacio original de la memoria
dónde se oculta mi voz recién nacida
y el aliento enajenado de la infancia
Por abrir el baúl de la nostalgia
que guarda la orfandad de la inocencia
la alegría y el tedio de aventuras
del breve espacio de renuevos pubescentes
que nunca al quebranto se rendían
¡Oh señora mía!
Rotas las bridas de tradición extinta
escapa del corral el toro de once
los jinetes olvidaron las manganas
y el gracioso ondear de las mantillas
quedó escondido en el corazón de tus guananchas
De perfumes y canto adolelecen las promesas
el incienso de los rezos se ha esfumado
las pastoras se escuchan asonantes
y en el atrio los moros se han cansado
Envejecieron los gritos de las rifas
se acabaron en los puestos las vendimias
de aguas frescas, tamales de frijol, pozole y enchiladas
Ya no se escucha el tortear en las cocinas
ni se observa el humo de hornos y fogones
formando estatuas con destino al infinito
Tiempos de entonces de colores mágicos
de días feriados y augurales soles
y aquella plaza de empedrada joyería
vestía orgullosa sus mejores trajes
¡Te pido perdón!
Por ese vano intento de querer revivir historias de otros días
que escribieron pensadores infantiles
en pizarras de testa encanecida
Por aquellos constructores de ilusiones
que rascaban los vientos con alegres papalotes
y con zancos de madera surcaban las alturas
para encontrar entre las nubes sus canicas
Era preciso contar con resortera
cazar en los sembrados las güilotas
jugar con trompos y gallitos zumbadores
y realizar competencias con carritos de hojalata
Eran las niñas de ingenio prodigioso
querían llegar anhelantes a ser madres
fabricar sus trastecitos de cocina
muñequitas de trapo y rehiletes giradores
¡Por eso señora mía, perdóname!
Porque ese tiempo de entonces
se quedó con nuestra herencia portentosa
y no puedo enmudecer ni aterir mi pensamiento
ante el inmortal deseo de amar tus tradiciones
de sentir tristeza
y aceptar tolerante nuevos tiempos.
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Autor:
Azahel Zagal García (
Offline) - Publicado: 13 de agosto de 2026 a las 11:45
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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