Moriré lentamente
recorriendo tus doce sílabas
de juego súbito.
Mi alma se arrastrará a mis labios
buscando tu libación abierta,
sabiendo que tú
la sorberías llorando.
Entonces volveré de tus manos
al abismo nocturno;
a esa luz amarilla,
a los vasos sucios.
Al no saber dónde mirar
cuando desde el centro del tacto
regrese a mí
tu figura de sal húmeda.
Tendré miedo de no hallarte
en los suburbios del paraíso.
Miedo a que el purgatorio
sea solo la espera larga al olvido,
y yo alcance su reino de nubes y flores.
Mientras tú, siendo tan buena,
te sumerjas en la orilla del entierro
sin quien, de regreso, te reciba.
Porque yo también he pecado,
porque si hubiera sido un buen hombre
te habría amado un poco más,
te habría dicho todas estas cosas
aún cuando el olvido me rompiera las fauces,
en su copa de muerte,
y el tiempo me cerrara los ojos.
Pero entonces estaré solo,
solo en el abismo de las sílabas
donde prometí no llamarte nunca,
aunque todo se haya quedado aquí,
aunque el olvido me libre de la muerte,
y de mis sueños
yo vuelva a nacer sobre tu nombre.
Eso será vivir.
Luego
mira las estrellas al caer,
y que todo esto
importe un carajo.
Es de noche
otra vez.
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Autor:
Roberto Sáez (
Online) - Publicado: 12 de agosto de 2026 a las 23:28
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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