π€ππ‡π„π‹πŽπ’ 𝐄𝐍 𝐄𝐋 π’πˆπ‹π„ππ‚πˆπŽ

ronald tadeo ramirez elizalde

De algunos anhelos hago caricias imposibles, y de mis sueños, plegarias que ascienden al cielo; son deseos que nacen en lo profundo del alma y que, aunque parecen inalcanzables, se niegan a morir.

 

Guardo en el corazón una sucesión de esperanzas, un caudal de sueños que nadie conoce, suspiros silenciosos que solo Dios escucha y palabras que mis labios callan, pero que mi alma pronuncia en secreto.

 

Hay deseos que no se pueden tocar, pero que permanecen vivos en el corazón; como la semilla escondida bajo la tierra, esperan su tiempo, confiando en que algún día la mano del Altísimo hará florecer lo imposible.

 

Porque hay amores que no necesitan ser proclamados, pues viven en el secreto del corazón; amores que se alimentan de esperanza, que resisten la distancia y el silencio, y que prefieren esperar antes que morir.

 

Y así, entre plegarias y suspiros, guardo este amor que no sabe rendirse; lo deposito en las manos de Dios, porque si es voluntad del cielo que florezca, ninguna distancia podrá apagarlo, ningún silencio podrá sepultarlo, y ningún imposible será demasiado grande para Aquel que hace nuevas todas las cosas.

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