Recuerdo de Volterra el pan, casi amargo y la piedra,
el rumor de la tarde que cae sobre la casa de Romano,
donde la tierra tiene tres mil años de paciencia
y el alabastro guarda la luz entre los dedos.
Lola, muchacha de doce veranos y caminos,
has vuelto con la sombra dulce de la abuela Isabel,
a rescatar la infancia que no se pierde en los mapas,
a inaugurar la vida entre las piedras antiguas.
Allí están los primos esperando la hora del viento:
Stella, que lleva trece primaveras en los ojos,
y el pequeño Ettore, con sus ocho abriles descalzos,
que corre tras la luz inventando el juego de la plaza.
Ríen Lola y Stella guardando el secreto de la misma edad,
mientras Ettore busca un tesoro entre los arcos etruscos.
En la mesa, Isabel sonríe sin necesitar las palabras:
habla el gesto, el pan compartido, la mirada serena,
y Lola traduciendo con amor el idioma del alma.
Qué bella la lealtad de regresar al mismo fuego,
ver cómo el afecto se entiende sin hablar la misma lengua,
aprender que la patria no es un lugar en la tierra,
sino este espacio encendido donde nos queremos todos.
Volterra no es solo la piedra que el tiempo devora:
es el helado que comparten Lola, Stella y Ettore en la noche,
las risas de Isabel y Romano hiladas con las manos
y el aire noble que te enseña, Lola, a crecer siendo humana.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 12 de agosto de 2026 a las 09:37
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco

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