Una fecha más en cualquier calendario para algunos,
pero tu cumpleaños escrito en otros lugares
como recordatorio alguno.
Y eso es por si mañana se olvida
y al otro día se recuerda;
por si la noche con sus estrellas te abriga
mientras el amanecer te despierta.
¿En qué momento pasaron tantos años
para que el día de tu cumpleaños
sea un número menor al de tu edad?
Para que tus amigos de la vecindad dejaran de estar,
y los de tu trabajo no sepan cómo hablar.
Cuántas cosas viviste en lo largo de tu edad:
sueños que no cumpliste,
promesas que rompiste,
ideas que no existen,
libros que leíste
y anécdotas que aprendiste.
Ya el dicho del diablo sabio
te queda por viejo
y no por diablo.
Andrés Caicedo no vio sentido de vivir después de los 25.
Kurt Cobain después de los 27.
Y tú, en el medio de ellos,
no sabes ni cómo vivir
de forma consciente.
La melancólica noche fría,
el descarte de que falte comida,
el miedo de mañana,
el cansancio de hoy.
No encontrar el sentido para vivir,
pero no querer dejar de hacerlo.
Pasar de apostar por la vida
a enfrentarse a la misma.
Sanguijuelas del alma
que se llevan tu felicidad con los años
y te vuelven cuadriculado e inocente.
¿Dónde quedaron los sueños
del niño de colegio?
Quizás no se fueron.
Quizás solo están escondidos
en la mirada triste de un adulto
que ya no sabe qué hacer
con todo aquello que alguna vez quiso ser.
El reloj sigue avanzando,
pero qué extraño:
el reloj también ha tenido que cambiar
para aprender a medir el tiempo.
Y tú cambiaste con él.
Solo que nadie te enseñó
cómo medir lo que perdiste.
Entonces llega otro año.
Otra fecha.
Otro número.
Y frente al espejo,
ese niño que alguna vez apostó por la vida
mira al adulto que terminó enfrentándose a ella.
Se mira.
Respira.
Y por otro año más
se dice:
feliz cumpleaños,
inepto animal.
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Autor:
Santiago Parra (
Online) - Publicado: 12 de agosto de 2026 a las 00:27
- Categoría: Carta
- Lecturas: 1

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