El fuego que arrasa con la sombra

Robotín


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Mientras los montes españoles se consumen cada verano bajo la voracidad del fuego, por el sureste no suele haber demasiados incendios porque en este paisaje semidesértico el fuego se muere de hambre sin combustible.

Para ir a trabajar en uno de los servicios que hago ahora actualmente, debo conducir unos 35 kilómetros por autovía y luego otros 15 más por una carretera secundaria que atraviesa 2 pequeños pueblos. Hasta hace poco, se estuvo construyendo un puente que cruzaba sobre autovía y al poco de comenzar las obras me sorprendió un atasco de tráfico que me tuvo cuarenta minutos parado, y aunque sago a trabajar con media hora de antelación por cualquier imprevisto que pueda pasar, llegué 5 minutos tarde al, causándome un gran disgusto. Desde aquel día hasta que concluyeron las obras, amplié mi tiempo de margen a 45 minutos. La mayoría de los días me encontraba con el tráfico algo ralentizado pero sin llegar a detenerme, y para no llegar al trabajo con demasiada antelación, aparcaba en un pinar situado junto a la carretera, y permanecía un rato con el coche detenido a la sombra de los pinos antes de reiniciar la marcha.

Hace alrededor de 1 mes, se produjo un incendio cerca de este pinar. Un incendio típico de esta zona en los que las llamas apenas alcanzan el metro de altura porque lo único que arde es matorral reseco, y a excepción de las pocas plantas que permanecen verdes en verano, como la alfalfa silvestre, la verdolaga o los tallos de hinojo que bordean los caminos, obsequiando al caminante con su fragancia anisada, el resto es maleza reseca que provoca una instantánea deflafración al contaco con una mínima chispa, propagándose las llamas por esta maleza a gran velocidad.

Pese a que debajo de los pinos apenas crece vegetación, por la falta de sol y la acidez de su hojarasca, entre otros motivos, el fuego alcanzó esta hojarasca y afectó de manera letal a los árboles, que no ardieron y en la mayoría de ellos apenas hay signos de ennegrecimiento en sus troncos. El problema aquí es que la raíz de los pino se desarrolla bajo las capas más superficiales del terreno, y este fuego raso antes de ser extinguido y las ascuas que quedaron después, calentó esa capa superficial de la tierra, abrasando el sistema radicular de los pinos, habiéndose secado la mayoría de ellos. Un pequeño porcentaje de estos árboles parece haberse salvado de la muerte, y otros a otros muchos se les están secando las hojas y apenas permanecen verdes sus copas, padeciendo una necrosis lenta y agónica que empezó por las raíces y terminará por sus acículas más altas. La escena de unos pinos cuyas hojas secas aún dan sombra hasta que el viento termine dejándolos como un esqueleto de ramas quebradizas es dantesca. Se asemejan al Cid Campeador, que siguen dando sombra después de muertos; la última sombra que darán.

  • Autor: Robotín (Offline Offline)
  • Publicado: 11 de agosto de 2026 a las 18:05
  • Categoría: Triste
  • Lecturas: 1


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