Intruso

Emily Dayana

No es una sombra.

Es una forma.
Una forma de mí que respira sin mis pulmones.

La veo desde el fondo.
Desde el hueco.
Desde el lugar donde la carne ya no sabe ser carne.

Ella tiene mi cuerpo.
Mi cuerpo que no se pudre.
Mi cuerpo que no huele a tierra mojada.

Yo tengo el hoyo.
Tengo la humedad.
Tengo la certeza de que nunca fui ella.

Ella ríe con mi boca.
La boca que no tengo.
La boca que arranqué.

Ella abraza con mis brazos.
Los brazos que no tiemblan.
Los brazos que nunca arañaron el borde.

Yo miro desde el fondo.
Miro con mis agujeros secos.
Miro con mis cuencas vacías.

Y la veo.

La veo vestirse con mi piel.
La veo calzarse mis huesos.
La veo respirar mi nombre.

Y yo,
desde abajo,
desde el asco que soy,
sé que no hay salida.

Ella es lo que debí ser.
Yo soy lo que quedó.
Lo que sobró.
Lo que los gusanos no quisieron comer.

Miseria.
Tesoro.

Ella ríe.
Yo lloro sin lágrimas.

Porque las lágrimas necesitan ojos.
Y yo no tengo ojos.

Solo el hueco.
Solo el vacío.
Solo el olor de lo que fui.

El intruso no es intruso.
El intruso soy yo.

La sombra que no debió nacer.
El eco que no debió sonar.
La carne que no debió pudrirse.

Y ahora,
desde el fondo,
desde el hoyo que es mi cuerpo,
la veo.

La veo vivir.
La veo ser.
La veo tener lo que nunca tuve.

Y le digo:

"Quédate.
Quédate con mi nombre.
Quédate con mi cara.
Quédate con la vida que no supe vivir.

Yo me quedo aquí.
Con los gusanos que me aman.
Con el árbol que me mira.
Con el vacío que me come.

Porque esto es lo que soy.
Esto es lo que siempre fui.
Esto es lo único que tengo."

Ella sonríe.
Yo la miro desde el fondo.

Y sé que nunca saldré.
Y sé que nunca seré ella.
Y sé que esto es todo.

Pero la miro.
La miro con mis agujeros secos.
La miro con mi hueso podrido.

Y eso
eso es suficiente.

Porque ella vive.
Y yo soy el hoyo que la mira.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.