La casa deshabitada (a mi madre, 15 de agosto)

José Luis Barrientos León

 

En la vieja casa ya no se oye tu voz, mamá.

Hay un silencio de oficina un domingo,

un hueco que las palabras no llenan

mientras la noche va entrando, despacio,

reclamando los rincones,

llenando toda la habitación.

 

Las lilas del jarrón se marchitaron, 

son un rastro de ceniza,

una huelga de colores que nadie autorizó.

 

De esa casa mi juventud se fue corriendo,

así, sin pedir permiso,

tras tus pasos que ya no alcanzo,

cruzando la ciudad de las luces tristes.

 

Y mientras tanto, esta geografía de muros,

esta soledad sin trámite ni tregua,

me acuna entre sus brazos en casa.

 

En aquella casa ya nadie enciende el fuego.

El frío se ha vuelto el único inquilino legítimo.

Nadie llama a mi puerta,

las horas pasan muertas, burocráticas, sin tus manos

que sabían ordenar el caos cotidiano.

 

Sí, en esa casa, no soy más que una sombra,

un habitante de inventario que no tiene ilusiones,

un tipo que olvidó sus propios proyectos.

De golpe me hice viejo, mamá.

 

Hablo con el espejo buscando un cómplice

y no abro los cajones por no encontrar recuerdos,

por miedo a que la memoria me salte al cuello.

 

Esa casa que ya no es mía sin ti,

de ese domicilio fiscal de la melancolía,

me fui una mañana.

Cerré la puerta sin saber dónde ir,

con el equipaje ligero de los náufragos,

y deje de vivir, de una buena vez,

lejos de las ventanas de la casa.

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  • Autor: Jose Barrientos (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 10 de agosto de 2026 a las 10:09
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 3
  • Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco


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