PENSATIVO Y AMOR
No entregues tu corazón a cualquiera, porque un corazón sincero puede convertirse en el lugar donde otros dejen sus heridas.
A veces sufrimos porque nosotros mismos olvidamos cuánto vale nuestro corazón.
Lo entregamos sin miedo, amamos sin medida, perdonamos demasiado y esperamos que algún día alguien comprenda todo lo que dimos.
Pero dime, si tú no reconoces el valor de tu propio amor, ¿Cómo esperas que alguien más lo reconozca?
Porque cuanto más grande es tu capacidad de amar, más profundo puede ser el dolor.
Quien ama de verdad no sabe querer a medias, y cuando lo lastiman, no solamente duele la herida, duele recordar todo lo que entregó a quien no supo cuidarlo.
No creo en esa frase que dice:
“Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.”
Es mentira.
Sabemos perfectamente lo que tenemos, lo sabemos cuando alguien nos abraza, cuando nos espera, cuando nos perdona, cuando nos ama incluso después de nuestras heridas.
Lo sabemos.
Pero nos confiamos, creemos que ese amor estará siempre, que aquella persona nunca se cansará, que siempre habrá un “mañana” para decir lo que hoy callamos.
Y un día llega el silencio, ya no está aquella voz, ya no está aquel abrazo, ya no está ese corazón que tantas veces estuvo dispuesto a quedarse.
Entonces entendemos demasiado tarde que perder a quien nos amaba también es perder una parte de nosotros.
Y si algún día me voy, no quiero lágrimas fingidas, ni abrazos de quienes nunca supieron abrazar mi alma, solamente quiero que me cremen.
Porque ya he visto demasiadas falsedades en esta vida como para que, cuando llegue mi ausencia, aparezcan diciendo:
“ERA BUENA PERSONA.”
No quiero homenajes después de mi partida, quiero haber sido querido mientras estaba vivo.
Quiero que me hayan dicho “Te amo” cuando todavía podía escucharlo.
Quiero abrazos mientras todavía podía sentirlos, quiero sinceridad mientras todavía podía responder.
Porque después de la muerte las palabras ya no curan, los abrazos ya no alcanzan y las lágrimas ya no pueden devolver lo que nunca supieron valorar.
Por eso, mientras todavía estoy aquí, si alguna vez me amaste, ámame de verdad, no esperes a perderme para descubrir cuánto valía mi corazón.
Porque cuando llegue el último adiós, ya no habrá oportunidad de reparar lo que rompiste, y recuerden algo:
LOS FALSOS PUEDEN LLORAR, PUEDEN ABRAZAR, PUEDEN DECIR QUE EXTRAÑAN, PERO CUANDO SON FALSOS, SEGUIRÁN SIENDO FALSOS.
Y quizás esa sea la tristeza más grande del amor:
Haber dado un corazón verdadero a alguien que nunca supo qué hacer con él.
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Autor:
Quinteros Fabian (
Online) - Publicado: 9 de agosto de 2026 a las 17:22
- Categoría: Reflexión
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