LA REUNIÓN DE LOS DIOSES

tuñy Barcala

Imagen creada por la autora con IA

Cuentan que, una vez al año,
cuando la Tierra duerme en calma,
todos los dioses del mundo
se reúnen sobre una nube blanca.
 
No hay tronos de oro,
ni rayos, ni amenazas,
solo café, té, infusiones
y bocadillos…
 
Y ganas de verse las caras.
 
Llega primero, el dios hebreo,
y al poco, el cristiano,.
Alá saluda con un abrazo,
Buda sonríe en silencio,
y el equipo de ldioses hindúes
llegan hablando con las manos.
 
También vienen, algo despacio,
los dioses arcanos y
los ya casi jubilados,
porque nadie recuerda sus nombres
ni sus antiguos templos.
 
Pero están felices de encontrarse,
de compartir mesa y conversación
como viejos amigos
que jamás perdieron la ocasión.
 
Desde su palco enorme,
miran abajo, hacia la Tierra,
a ese inmenso campo de juego
donde la humanidad se enfrenta.
 
Primero sonríen…
Después suspiran.
 
¿Otra vez están discutiendo
por saber cuál de nosotros tiene razón?
- Pues sí , responde otro: es lo
que parece que no han aprendido todavía.
Y nosotros aquí, juntos,
compartiendo mesa desde hace miles de días.
 
Se hace un silencio profundo…
 
Hasta que todos empiezan a reír,
y su risa, cae sobre el mundo
como una tormenta seca y feliz.
 
Si pudieran vernos desde abajo,
pensarían que somos familia.
- ¿ Pensarían?
¿ Claro que sí!
Porque, en el fondo, lo somos mucho
más de lo que imaginan.
 
Entonces deciden mandar un mensaje
al inmenso campo llamado Mundo:
No habrá milagros.
Ni castigos.
Ni señales en el cielo….
 
Solo unas palabras sencillas
escritas con cariño:
«Dejad de pelearos por nuestros nombres. Nosotros nunca nos hemos peleado entre nosotros.»
 
Y añaden…
 
«Si algo tenemos en común,
es que queremos que viváis en paz,
que cuidéis los unos de los otros,
que el amor pese más que el orgullo,
más que el odio y más que la venganza.»
 
Cuentan los periodistas deportivos
que, desde aquel cielo imaginario,
los dioses siguen esperando que llegue algún día
en que los seres humanos comprendan
que el verdadero enemigo:
nunca fue otra religión,
ni otro pueblo,
ni otro color,
ni otro nombre.
 
El enemigo verdadero
es ese odio que uno alimenta
o decide vencer
dentro de sí mismo.
 
Y dicen que, desde entonces,
cuando los humanos salen al campo,
ya no se empujan,
ya no se pisan,
ya no se enfadan.
 
El árbitro se coloca en el centro
tranquilo, haciendo crucigramas.
Comienza el partido.
 
La pelota se llama “ RAZON “
 
Uno la recibe
y pregunta bajito:
La quieres tú?
¡Ohhh, gracias!
 
Y se la pasa al otro equipo;
sea del dios que sea
esperando que consiga
un touchdown en su marcador.
 
Y, cuando llega la anotación,
todos celebran los puntos por igual.
Porque ya han comprendido
lo que los dioses sabían desde el principio:
 
“Que no importa el nombre del cielo
ni el nombre de quien lo habita”
 
Importa: la mano que ayuda,
el corazón que perdona,
la palabra que no hiere,
el abrazo que no pregunta
de dónde vienes ni en qué crees.
 
Porque quizá, después de todo,
los dioses no nos regalaron
milagros, riquezas ni poder.
Nos dejaron algo mucho más grande:
La posibilidad de elegir la paz.
 
Y esa paz,
que no tiene religión,
ni fronteras,
ni colores;
es quizás,
el único idioma
que todos los dioses
hablan por igual.
 
Porque la PAZ
es el idioma
que nos regalaron los DIOSES.
 
@TuñyBarcala. 
ReservadosDerechosAutor ©
  • Autor: TUÑY (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 9 de agosto de 2026 a las 12:29
  • Comentario del autor sobre el poema: Canto al entendimiento entre todos los seres humanos independientemente de creencias.
  • Categoría: Espiritual
  • Lecturas: 2
  • En colecciones: Oda.


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