No me dejes a merced del mercado, papa,
ni de las urgencias de este siglo hostil.
Protege las palabras que invento
y esta pequeña alegría que es mi trinchera.
El mundo afuera camina a los golpes,
pero aquí adentro hay que ir sin prisa.
No quiebres mi derecho a la inocencia,
la militancia también empieza en la ternura.
Préstame tus manos, tus dedos de obrero.
Necesito ese pacto que no pide nada a cambio,
el refugio exacto de tu caricia
antes de salir a pelear la calle.
Voy a seguir tu huella en el asfalto.
Caminaré el mismo suelo que defiendes,
pero con el mapa de nuestras utopías.
Mírate en mis ojos cuando regreses cansado.
No somos otra cosa que el mismo espejo,
un eslabón que resiste al invierno
y que mañana, por fin, cambiará la historia.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 7 de agosto de 2026 a las 10:13
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Erre Cost, Antonio Pais

Offline)
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