¿Este cuarto está vacío?
Entre mi habitar y mi soñar inconsciente suceden cosas, se desplazan movimientos, se proyectan sensaciones desde la sombra.
Esta habitación ya no figura en mi mente.
Fuerzas invisibles habitan en el fondo de mi cuerpo, hablan lo que hablo, escuchan lo que escucho, y hasta luchan entre sí adentro mío como si mi alma fuera el olimpo.
Pasé la mirada hacia la ventana y creí que la eternidad del afuera me enfermaría, el borde de la ventana y la tenue luz de la luna formaban un triangulo en el aire casi imperceptible, me acerqué para cerrar la ventana pero el triangulo seguía allí, como un símbolo indefinido de una existencia que va más allá de sí.
Alguien abrió los ojos.
La contemplación de la nada me recordó que tenía que volver a dar los mismos pasos, una y otra vez como en una escalera infinita que funcionaba a la vez como un puente.
Supongo que en la noche el vacío toma más fuerza, todo se siente más real y las cosas trascienden de la superficie hacia lo hondo.
Tuve la sensación de estar viviendo en un simulacro de la vida, encadenado a un juego mental desconocido.
Caminé descalzo por toda la habitación y un recuerdo me detuvo, mis ojos fijaron una figura en un espacio alterno, el portal abierto me reveló formas pasadas y una sensación oscura y mística se fue formando en mi pensamiento como si hubiera ingresado a una bruma densa y extraña.
Me pareció haber estado allí toda la vida, y el peso de seguir siendo me invadía cada vez más, el cuarto oscuro abriéndose y cerrándose en torno a mi ser, revelándome los márgenes y los límites de mi alma.
Este cuarto viejo es como un reflejo de mi propia mente.
No me importaba quizás aquel paisaje ya visto, ahora despojado de una magia inocente que sólo existía en el pasado, y que aún existe.
Me di cuenta de súbito que ya formaba parte del engranaje humano, y que antiguos dioses nos movían como piezas en su absurdo juego.
Entonces mi vida era el contenedor donde otros seres vaciaban sus tragedias y esperanzas, mi ser era el lugar donde alguien necesitaba plantar su árbol de la vida, recolectar los frutos maduros en verano y juntar las hojas muertas en otoño.
Comprendí que yo tenía puesta la máscara de Dios, cuando quise sacarmela ya se había adherido por completo a mi rostro.
Por un momento la consciencia de todas las cosas se unificó en un haz vacío y en el acto siguiente una chispa dió paso,
--"Es la luz del origen" me digo--
y hasta casi que sentí otra vez mi propio nacimiento.
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Autor:
Kamar Oruga (
Offline) - Publicado: 6 de agosto de 2026 a las 19:13
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3

Offline)
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