No somos el fémur ni la cuenca vacía,
sino el vértigo de quien mira el firmamento y llora.
El aliento continuo en la garganta,
el puñado de calcio que aprendió a dolerse,
la estructura rígida que aloja el temblor de una caricia.
Desde esta jaula de costillas lanzas la voz al espacio
con la sola velocidad del aire que abandona un cuerpo.
Sin cálculo de telescopio.
Sin más certeza que la boca abierta hacia lo oscuro.
Mirar el infinito no es buscar estrellas.
Es abrir las manos en la oscuridad
y encontrar en la cuenca del hueso
Antonio Portillo Spinola ©
la misma ceniza tibia que aún intenta decir tu nombre.
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de agosto de 2026 a las 11:41
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Salvador Santoyo Sánchez, Maby De los Peña

Offline)
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