Quiero dormir con ella
Quiero dormir con ella.
No porque la noche sea larga,
ni porque el mundo canse los huesos,
sino porque su cuerpo
es la única patria
donde mi corazón deja de ser extranjero.
Quiero acostarme a su lado
como el río se entrega al mar,
sin preguntas,
sin relojes,
sin otro destino
que el lento milagro de respirar juntos.
Quiero que la sombra
aprenda la forma de su cabello,
que la luna descienda despacio
hasta beber la claridad de su frente,
y que el silencio,
ese viejo árbol sin hojas,
florezca cuando escuche
el rumor tranquilo de su sueño.
Dormida,
ella sostiene la noche
como una espiga sostiene el viento.
Su respiración mueve el universo
con una dulzura
que ningún astro conoce.
Quiero sentir el calor
que nace entre dos cuerpos
cuando el amor deja de hablar
y empieza a existir.
No el incendio de la pasión,
sino ese fuego antiguo
que arde sin consumirse,
como la tierra bajo la lluvia,
como el mar debajo de la luna.
Quiero cubrirla
con la misma ternura
con que el cielo cubre los montes
cuando cae la tarde.
Ser la mano que encuentre la suya
en mitad de un sueño,
el refugio donde su cansancio
olvide para siempre el peso del mundo.
Quiero despertar antes del alba,
cuando todavía los pájaros
ignoran su primer canto,
para contemplar el nacimiento de la luz
sobre su rostro.
Entonces comprender
que el amanecer no nace en el horizonte,
sino en sus párpados
cuando lentamente despiertan.
No deseo palacios,
ni riquezas,
ni victorias que los hombres escriban
sobre el polvo del tiempo.
Quiero una cama sencilla,
una misma cobija,
el perfume tibio de su cabello
mezclándose con el aire de la madrugada,
y la humilde eternidad
de saber que al abrir los ojos
ella continúa allí,
como permanece el mar,
como permanece la tierra,
como permanece el amor
cuando ha echado raíces
más profundas que la muerte.
Porque hay quienes desean
conquistar ciudades,
levantar imperios,
dejar su nombre grabado en la piedra.
Yo no.
Mi única ambición
es conquistar la distancia
que existe entre su mano y la mía
cuando aún no la he tomado.
Dormir con ella.
Escuchar el latido secreto
que sostiene la noche.
Y descubrir,
cada amanecer,
que el universo entero
cabe silenciosamente
entre dos corazones
que se aman.
—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Diciembre, 2015.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 6 de agosto de 2026 a las 00:35
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5

Offline)
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