Acompañar la luz

Antonio Portillo



​Dos miradas se buscan en la estancia

sin más peso que el hilo que las une.

Un crujido limpio en la madera,

la certeza callada de encontrarnos.

​Llegas con la sencillez exacta del aire,

entregando la calma de tu cuerpo sobre el suelo,

mientras la luz de la tarde cruza la casa

y se detiene en silencio entre nosotros.

​Te ofrezco la pausa de mi mano,

el refugio tranquilo donde la prisa se deshace,

y en ese gesto breve, rozando tu existencia,

siento la redonda tibieza de tu piel.

​Tú traes de vuelta la inocencia del instante.

Escuchas mis pasos al otro lado de la puerta,

apoyas el hocico en mis rodillas

y abres el día como si fuera el primero.

​El rumor leve de tu respiración

va acomodando la penumbra a nuestra sombra.

Apoyo la palma sobre tu lomo

y dejo que la tarde se quede quieta.

Antonio Portillo Spinola ©



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